lunes, 23 de febrero de 2015
NIMES II
"Por fin estábamos en Provenza -seca, clásica, de claros contornos-, con un cielo de mármol azul, bajas colinas rojas coronadas por olivares, hondonadas rocosas surcadas por hilos de agua, y un sol que ribeteaba de oro las líneas puras de la Maison Carrée"
EDITH WHARTON: Viaje por Francia en cuatro ruedas.
martes, 10 de febrero de 2015
NIMES I
"Fuera de la población, se abre un anfiteatro de rocas poblado de pinos, cuyas cimas superiores están inclinadas por el viento que baja de la torre Magna: en el fondo de este anfiteatro, entre murallas blancas con balaustres de mármol es donde aparece la balsa de la fuente. Alrededor se ven algunos restos de construcción antigua. En la orilla misma se levantan aún las ruinas de un templo de las ninfas que se creía en otro tiempo haber sido consagrado a Diana, la diosa casta, a causa, sin duda, de la belleza de las noches, en las que se refleja sobre las aguas el disco de la luna rielante y tembloroso."
ÉLISÉE RECLUS: EL arroyo.
lunes, 2 de febrero de 2015
SOMMIÈRES II
"Llegué a Sommières, en el Languedoc, una tarde calurosa y brillante entre la enfebrecida fanfarria de las cigarras y el austero chasquido metálico de las bolas de petanca: Spirit of place. Aparqué bajo los altos plátanos de la avenida y tras fastidiar un poco a los patos del Vidourle haciendo como si estuviéramos en una cacería en el lago Mareotis, me encaminé hacia el centro de la asociación durrelliana del Languedoc, para encontrarla cerrado a cal y canto. Tampoco dio mucho de sí el Espace Durrell, una sala de exposiciones en el antiguo convento de las ursulinas (¡). Dado que no iba a haber cultura, para ponerme a tono con Larry me tomé en el bar en que jugaba a ping-pong con Henry Miller un vin rouge, un Pernod y un arquebuse, el explosivo licor local. Buscando algo parecido a Grecia, Larry y Claude arribaron a Sommières en 1957 pobres como ratas y se instalaron en una vivienda que carecía hasta de retrete. Fue en 1965 cuando adquirieron la casa de 15 Route de Sausines."
JACINTO ANTÓN: Lawrence de Alejandría y el sexo.
sábado, 31 de enero de 2015
SOMMIÈRES
"Mientras tanto, envíame por favor una pequeña acuarela para la casa nueva de Sommières; todavía no va a estar lista, pero me gustaría tener un toquecito de color tuyo entre los lares y penates. Es elegantemente fea, una especie de casa balzaquiana en medio de un parquecito de altos árboles. Está cruzando el puente, en el camino a Saussines. Una maison de maitre sólida como un bulldog."
DURRELL-MILLER: Cartas 1935-1980
miércoles, 21 de enero de 2015
TARTALES DE CILLA
"Un admirable paisaje aparece ante mí: lo entreveo cuando la lluvia cesa un momento; por la estrecha apertura de mi gruta distingo un lejano horizonte de bosques, un peñasco muy cercano; luego la incansable lluvia recomienza, y yo me quedo en paz, quieto en mi cueva, con una alegría ahora divina, cuyo recuerdo vuelve a mí. Cierro los ojos; apoyo la frente en la roca húmeda; siento un influjo perpetuo, fresco, inmenso, delicioso: la Vida… que satura la piedra intensamente."
FRANÇOIS AUGIÉRAS: Domme o el ensayo de ocupación.
"Los tres últimos kilómetros hasta Tartales de Cilla son una bajada tan pronunciada que casi deja reducida a un juego de niños la subida del principio del valle. Así se entiende el retraso que llevaban esos dos. Las piernas sufren, los músculos duelen y, por si fuera poco, me da un fuerte tirón en el muslo derecho. Al llegar abajo, llevamos los pies doloridos de tanto ir frenando con los dedos, y las fuerzas muy mermadas, tras acumular ya más de 16 kilómetros de un recorrido exigente. No nos paramos a descansar: la propia inercia nos empuja. Un poco antes de entrar en el pueblo, donde abundan las casas de adobe, un letrero indica un desvío a una iglesia rupestre, a cuya existencia hacemos caso omiso, al ver que el sendero indicado escala por la ladera de la montaña."
PEDRO CASES: El Ebro. Viaje por el camino del agua.
"Casi al lado del lugar por donde hemos empezado a caminar por el minúsculo arcén de la carretera, un letrero señala la presencia cercana de las cuevas de los Portugueses. El esfuerzo adicional para llegar a ellas es mínimo, y decidimos verlas. En las paredes de roca de ambos lados de los cortados que flanquean el arroyo de Las Torcas o de Tartalés hay excavadas unas habitaciones de origen visigodo y altomedieval, construidas entre los siglos VIII y X. Según rezan los carteles explicativos, este eremitorio tuvo una estrecha relación con la cueva de San Pedro, por la que acabamos de pasar de largo, y su curioso nombre se debe a que a principios del siglo XX fue ocupado y, en parte, transformado por inmigrantes portugueses que trabajaron en la construcción del canal de Trespaderne, alimentado con las aguas del embalse de Cereceda. La disposición del estrecho pasillo entre ambas paredes, cubierto por una frondosa vegetación que filtra los ya ardientes rayos del sol, bloquea el paso del fragor de la carretera, creando un remanso de paz. Los árboles, de ramas gruesas, proporcionan una tupida sombra que el agua nerviosa del arroyo impregna de humedad. Se hace difícil abandonar este oasis."
PEDRO CASES: El Ebro. Viaje por el camino del agua.
jueves, 15 de enero de 2015
EREMITORIOS DE PINEDO, CORRO Y TOBILLAS
"Y cuando merodeo alrededor de las moradas de los hombres, durante las noches tormentosas, con los ojos ardientes y los cabellos azotados por el viento de las tempestades, solo como una piedra en medio del camino, cubro mi rostro ajado con un trozo de terciopelo, negro como el hollín que llena el interior de las chimeneas; los ojos no deben ser testigos de la fealdad que el ser supremo, con una sonrisa de odio poderoso, ha puesto en mí. Cada mañana, cuando el sol aparece para los demás, esparciendo la alegría y el calor saludables en la naturaleza, mientras que ninguno de mis rasgos se mueve, contemplando fijamente el espacio lleno de tinieblas, acurrucado en el fondo de mi caverna amada, en medio de una desesperación que me embriaga como el vino, golpeo con mis manos potentes mi pecho desgarrado."
CONDE DE LAUTRÉAMONT: Los Cantos de Maldoror.
jueves, 6 de noviembre de 2014
HERRÁN
"Llegar a Herrán, dejando atrás el lienzo tenue donde tierra y cielo se abrazan hasta fundir sus perfiles, es llegar a un arribe de sosiego, medida quietud, paz medieval de entreguerras. Sus casas, robustas, de medidas exactas, nada altisonantes, se esparcen por la llanura que recibe al montañés que baja a los valles. Piedras rojizas, tejas donde hierbas lagarteras brindan abrigo a salamanquesas y autillos en las noches de agosto. Repechos, recuerdos de barbacanas y algún fragmento nobiliario incrustado en hogares y cobertizos."
"Unos muros singulares atraen la atención del viajero. Cuadrada, maciza, la torre señorial de Herrán se mantiene erguida sobre las asechanzas del tiempo. Su apostura, propia del gótico popular de finales del siglo XV, sirve estos días de cobijo a una recoleta hospedería. Al cruzar el umbral de su portón, un represado universo de vigas, corredores, habitaciones y ventanucos ofrece la posibilidad de reposar alejado de cualquier entrechocar de armas y banderías. Al fondo de cada alfeizar, la campiña, repleta de praderíos, boscajes, quebradas y manchas de frutales, va mostrando escenas, ya oleos, ya acuarelas, a quien remonta atento las escaleras que crujen hacia el corazón de la torre. En él, una sala espaciosa, de techo bajo, soportado por recias y ennegrecidas maderas, muestra un tesoro discretamente guardado... Pinturas de belleza conseguida, enigmática, recorren las paredes como sobrio espectáculo de símbolos y colores perennes."
"En hileras entremezcladas, los sauces, los fresnos, los robles, y algún nogal, nudoso y alto, se mueven sobre taludes y pequeños roquedos. Al flanquear el río, menudo, brillante, dos o tres chopos inclinan sus puntas hacia poniente con un aleteo mudo de hojas a punto de otoño. Las gotas más incoloras, más celestes, puntean de sílabas nunca escritas la superficie de un estanque antiguo y rectangular. Tras él, montículos de zarzamoras, círculos de espinas, se apartan para acercar al sendero las sombras de los riscos de Aracena. Los pliegues de un valle hechizado, el de Tobalina, quedan a mi espalda, y una cinta de plata, sierpe susurrante, marca el rumbo del desfiladero del Purón. Adentrarse en él, con los labios cerrados y las pupilas dilatadas, resulta inevitable."
"El río se estrecha y se hunde en un quiebro inverosímil. Las paredes de piedra lavada se aprietan, buscando la cercanía, igual que dos amantes momentáneamente separados por un golpe de aire. Cicatriz del sentir. La senda se vuelve una mínima calzada de piedra, colgada de un farallón opaco, enramándose hasta un repecho de majuelos y cerezos silvestres donde los restos de una ermita se abrazan al muro natural de la roca... tratando de no desaparecer, combatiendo el olvido, desmoronados hacia una derrota sin remedio."
"¿Qué aura cobija aún estas ruinas? Pórticos y bóvedas postradas junto a los helechales. ¿Quizá la de aquel San Roque, iniciado de iniciados, paso desnudo a la vera de un can alobado y amigo? Posiblemente. Aunque toda certeza, toda comprensión es aquí innecesaria. Sólo conviene presentir el verdadero, el gran mito: la tierra maternal y fuerte, que nos brinda sus muslos."
"Cronicones y dichos hablan de calzadas romanas tendidas de Briviesca a Orduña, de una colonia germánica, Pontecerci, de cenobios emboscados en las brumas, cementerios rupestres, eremitorios refugio de anacoretas cuya sabiduría condujo almas y cuerpos al desprendimiento del mundo... Las montañas se cubren de nubes bajas. Con un aleteo de abubillas, relumbre ocre sobre las cenizas, la lluvia se agota y desaparece. De la mano del valle y sus arboledas, la claridad se asienta en surcos desprovistos de mies hace años."
"Haces de luz llaman al viajero a desandar los pasos, palpar por última vez el misterio de esta brecha abierta en el vientre de la tierra bordado de nudos magnéticos, y regresar a los saledizos de Herrán y los tiernos meandros del bajo Purón, con sus hontanares y breves vaguadas repletas de tréboles, berros y limillas. La voz de Claudio Rodríguez, inopinadamente, anima a ello:
Siempre la claridad viene del cielo; es un don: no se halla entre las cosas sino muy por encima, y las ocupa haciendo de ello vida y labor propias... claridad sedienta de una forma, de una materia para deslumbrarla quemándose a sí misma al cumplir su obra."
JUAN MANUEL GONZÁLEZ: Vírgenes, masones y visionarios. Rutas iniciáticas y ocultistas.
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Prerrománico
sábado, 11 de octubre de 2014
EL PÓPILO DE HERRÁN
"Y tras San Martín, el eremitorio del Pópilo, escondrijo de meditación entre povos o chopos, en cuyo cuerpo aguardan al visitante nichos, raras tumbas con goznes, y asientos isiacos de meditación. Pópilo, San Martín, los puentes y los molinos, la convicción de palpar una comarca en la que cada brillo y cada sombra participan de una armonía quizás universal... Huerta cercada, herrén, que reserva sus pomas únicamente para quien sabe encontrarlas."
JUAN MANUEL GONZÁLEZ: Vírgenes, masones y visionarios. Rutas iniciáticas y ocultistas.
martes, 7 de octubre de 2014
FRÍAS
"El regreso a todo lugar vivido y sentido, guardado en las espirales de la memoria, tiene siempre un sabor agridulce, un doble tacto que se posa a la vez sobre lo perdido y lo reencontrado. Y es en torno a esa dual percepción de añoranza y placer, añoranza por lo que ya no volverá y placer ante la comprobación de que mucho de lo gozado en el pasado aún pervive, donde comprendemos que el tiempo no existe más que en su cara biológica, comprendemos que es apenas una convención cuya medida viene dada únicamente por nuestros sentimientos y nuestras emociones."
"Aquí, junto al desgastado crucero, un niño -tal vez yo hace décadas- lanza una peonza sobre pulidas lastras de granito. Y la sombra vertical del torreón que domina la ciudad nos indica cómo vida y sentimiento, alma y pulso, son mástiles de una misma nave, un bajel que, hoy encarnado en ese balcón de roca navegante que es Frías, cubre una vez más las singladuras de los años para recordarnos que el tiempo, por suerte, sólo es un mar, añil y verde, sin orillas."
JUAN MANUEL GONZÁLEZ: Vírgenes, masones y visionarios. Rutas iniciáticas y ocultistas.
sábado, 27 de septiembre de 2014
ISLA DE ONS
"Las islas de Ons posiblemente hayan sido una de las primeras estaciones de las lejanas, fabulosas y reales Cassitérides, las islas del estaño a que hicimos referencia, representativas de la opulencia gallega en la primera y segunda Edad del Bronce, según los datos que la prehistoria nos suministra a través de los tesoros descubiertos."
JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.
viernes, 19 de septiembre de 2014
ARMENTEIRA
"Hay muchas cosas que veo con toda claridad, y al decir veo, quiero decir exactamente eso: veo, porque cierro los ojos y las veo. Tengo, ya, por ejemplo, la plaza de la Basílica que es una plaza de piedra en la cual termina una calle pina y, al otro lado, hacia arriba, hay unas grandes escaleras, con balaustrada de piedra, muy anchas, que se van estrechando, que terminan en una plataforma en la cual se levanta la Iglesia, con una puerta abocinada y una fachada lisa con un gran rosetón. Puede ser la fachada de la Iglesia de Armenteira, y a la izquierda, conforme se sube, está la casa de Barallobre, antigua pero sin escudo de armas, con un velero en el dintel, y, enfrente, está el palacio de Bendaña, derruido, sacado de la novela de Santiago, el del Cristo."
GONZALO TORRENTE BALLESTER: Los cuadernos de un vate vago.
"Subió los escalones, atravesó el atrio: de los charquitos, saltaba el agua a sus pisadas. La iglesia estaba vacía, casi en tinieblas. Se asustó al escuchar su propio taconeo multiplicado por las naves y las bóvedas, y pisó quedo, suave: una sombra y un menudo rumor."
GONZALO TORRENTE BALLESTER: La saga/fuga de J.B.
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