"Entonces, si St. Michel no es el centro, porque la ciudad hace mucho que dejó de llamarse al sagrado de la catedral para encontrar protección, ¿está el centro en la Grand-Place que, al fin y al cabo, fue el santuario de la nueva religión? En cierto sentido, sí. La Grand-Place, que alberga el ayuntamiento y las casas de los gremios más importantes, es algo así como el centro histórico de Bruselas. El problema es que los urbanistas que, a lo largo de los siglos, han puesto manos a la obra de remodelar Bruselas, parecen haber dejado de considerarla parte del tejido urbano. Durante el siglo XIX aíslan la plaza y sus alrededores del resto de la ciudad mediante grandes avenidas, supuestamente más acordes con el carácter de gran ciudad de la capital belga, de tal manera que la unidad de la Bruselas antigua se ve desmenuzada. No es que desprecien la Grand-Place; al contrario: la admiran, pero no como parte viva y activa de la ciudad, sino como monumento. La tratan como si fuese una fuente barroca o un obelisco. Es un lugar de visita, pero carente de funciones. Los comerciantes, que han desbancado a los artesanos, ven en ella la historia, pero no el presente."
JOSÉ OVEJERO: "Bruselas"