A N. V. DE G. S.
“El insondable mar, y las lágrimas, y el tiempo,
las hazañas de los héroes y los crímenes de reyes
nos separan; y el río de los acontecimientos
durante eternidad de años hacia este y oeste
ha mecido nuestras cunas con más fuerza. Me resultas
extranjera, como cuando los marinos al amanecer
divisan una tierra a lo lejos sin saber cuál es.
Así me acerco vacilante; así navego
en torno a tu islote misterioso, y contemplo
rompientes y grandes montañas y bajíos fluviales
imponentes,
y oigo desde la orilla voces que llaman de tierra adentro.
Extraño es el corazón del marino; espera, teme;
se aproxima y se distancia de esa costa;
por fin repara su velamen desgarrado, y hacia el piélago
enfila su destrozada proa, retirándose inquieto.
Sin embargo, al irse, piensa sobre el timón
en aquella isla brillante; allí donde temió tocar,
vuelve su espíritu a aventurarse; y durante muchos años,
allí donde dormita junto a su mujer, a salvo en casa,
pensamientos de esa tierra le vuelven a visitar;
ve que las montañas eternas le hacen señas, y se despierta
con el anhelo de aquel lejano hogar que pudo ser.”
ROBERT LOUIS STEVENSON
“El insondable mar, y las lágrimas, y el tiempo,
las hazañas de los héroes y los crímenes de reyes
nos separan; y el río de los acontecimientos
durante eternidad de años hacia este y oeste
ha mecido nuestras cunas con más fuerza. Me resultas
extranjera, como cuando los marinos al amanecer
divisan una tierra a lo lejos sin saber cuál es.
Así me acerco vacilante; así navego
en torno a tu islote misterioso, y contemplo
rompientes y grandes montañas y bajíos fluviales
imponentes,
y oigo desde la orilla voces que llaman de tierra adentro.
Extraño es el corazón del marino; espera, teme;
se aproxima y se distancia de esa costa;
por fin repara su velamen desgarrado, y hacia el piélago
enfila su destrozada proa, retirándose inquieto.
Sin embargo, al irse, piensa sobre el timón
en aquella isla brillante; allí donde temió tocar,
vuelve su espíritu a aventurarse; y durante muchos años,
allí donde dormita junto a su mujer, a salvo en casa,
pensamientos de esa tierra le vuelven a visitar;
ve que las montañas eternas le hacen señas, y se despierta
con el anhelo de aquel lejano hogar que pudo ser.”
ROBERT LOUIS STEVENSON