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martes, 15 de enero de 2013
OLIVA II
“Con Llorca fui a Oliva y me hospedé en su casa. Gente llana y atenta, la familia de Lorca. ¿Y Oliva? En este trozo de tierra feraz –feraz y fértil– de Valencia, ¿cómo es Oliva? No sé nada. Veo en las cercanías naranjos. Los he estado viendo en el camino. Pero de Oliva, a la distancia de tantos años, tres sensaciones. Como tres puntos luminosos en la oscuridad. Planos blancos, al lado, arriba y abajo. Planos de viva blancura. Y una mesa de pino, en que como yo, entre otras personas silenciosas y vestidas de negro. Y ésta es la casa de Llorca.
Portalón espacioso. Soledad y silencio. Techo alto y al fondo una escalera. Casa grande, noble y antigua. Subo por la escalera y entro no veo ahora dónde. Seguramente en una sala. Arnal, huérfano, vive con sus hermanas en esta casa. Y no sé más.”
AZORÍN: Valencia.
jueves, 20 de diciembre de 2012
VALENCIA XI
“Nos entregamos a la maraña de las callejas, en la ciudad milenaria, como nos entregamos al hipnótico vencedor del insomnio penoso. Ansiamos dormir dulcemente ahora en lo pretérito. Y estas callejitas de Valencia –la ciudad goda, la ciudad romana, la ciudad árabe, la ciudad cristiana– nos van enlazando con sus tentáculos, como lo haría un inmenso pulpo benéfico.”
AZORÍN: Valencia.
domingo, 10 de julio de 2011
SEGOVIA XII
“La iglesita románica de la Vera Cruz se alza allá en un terreno, al lado de un sequeral castellano, pasada la arboleda del Eresma. Ante la puerta principal del templo pasa un camino blanco. La otra puerta, junto a la torre, es chiquita. El camino se aleja culebreando, polvoriento, hacia un poblado que emerge en el horizonte –Zamarramala-. Desde encima de las casas, la torre de otra iglesia parece observar a la iglesita románica.”
AZORÍN: Doña Inés.
“Fernando pasó un puente; siguió por una carretera, próxima a un convento, y subió al descampado de una iglesia que le salió al camino, en donde había una cruz de piedra. Se sentó en el escalón de ésta.
La iglesia, que tenía en la puerta, en azulejos, escrito «Capilla de la Veracruz», era románica y debía de ser muy antigua; tenía adosada una torre cuadrada, y en la parte de atrás, tres ábsides pequeños.”
PIO BAROJA: Camino de perfección.
“La iglesita está cerrada. En el interior se halla todo desmantelado; pero esta iglesita, entre los grandes y magníficos monumentos de Segovia, acaba por dominar señera. El acueducto es admirable; acueductos y puentes romanos hay algunos en España. Catedrales hay muchas; Alcázares no faltan. La iglesia románica no tiene par.”
AZORÍN: Doña Inés.
lunes, 26 de julio de 2010
ARCOS DE LA FRONTERA V
“¿Qué es lo que más cautiva vuestra sensibilidad de artistas: los llanos uniformes o los montes abruptos? ¿Cuáles son los pueblos que más os placen: los extendidos en la llanada clara o los alzados en los picachos de las montañas? Arcos de la Frontera es uno de estos postreros pueblos: imaginad la meseta plana, angosta, larga, que sube, que baja, que ondula, de una montaña; poned sobre ella casitas blancas y vetustos caserones negruzcos, haced que uno y otro flanco del monte se hallen rectamente cortados a pico, como un murallón eminente; colocad al pie de esta muralla un río callado, lento, de aguas terrosas, que lame la piedra amarillenta, que la va socavando poco a poco, insidiosamente, y que se aleja, hecha su obra destructora, por la campiña adelante en pronunciados serpenteos, entre terreros y lomas verdes, ornado de gavanzos en flor y de mantos de matricarias gualdas… Y cuando hayáis imaginado todo esto, entonces tendréis una pálida imagen de lo que es Arcos.”
AZORÍN: Los pueblos
domingo, 13 de junio de 2010
VALLDEMOSSA
“El ruido de los torrentes, la carrera precipitada de las nubes, el grande y monótono clamor del mar interrumpido por el silbido del viento, los lamentos de las aves marinas llenas de espanto, perdida su ruta en las violentas rachas, después de grandes nieblas que caían de repente como un sudario y que, penetrando en los claustros por las arcadas rotas, nos volvían invisibles y hacían que la pequeña lámpara que llevábamos para guiarnos, semejara un fuego fatuo errante bajo las galerías y otros mil detalles de esta vida cenobítica que se agolpan a la vez en mi recuerdo; todo esto hacía con seguridad, de la Cartuja, el lugar más romántico de la tierra.”
GEORGE SAND: Un invierno en Mallorca.
“El claustro, obscuro, enorme, conmovíase con una música misteriosa que parecía venir de muy lejos, al través de los recios paredones. Era Chopin, que, inclinado ante el piano, componía sus Nocturnos. La novelista, a la luz de una vela, escribía Spiridón, la historia del monje que acaba por demoler todas sus creencias, y muchas veces cortaba su trabajo para correr al lado del músico y preparar sus tisanas, alarmada por la frecuencia de su tos. En las noches de luna tentábala el escalofrío de lo misterioso, la voluptuosidad del miedo, y salía al claustro, cuya lobreguez cortaban las manchas lácteas de los ventanales. ¡Nadie!... Después sentábase en el cementerio de los monjes, esperando en vano la aparición del fantasma para animar su monótona existencia con algo novedoso.”
VICENTE BLASCO IBÁÑEZ: Los muertos mandan.
“Se atravesó el dantesco trecho de los olivos centenarios, milenarios, que perpetúan, como en eternidad, sus como petrificados gestos y ademanes de metamorfosis; se dejó a un lado la colosal mole que tiene un nombre y una leyenda moriscos; se vieron por fin las vastas colinas cultivadas, a graderías, como en anfiteatro, las hondonadas y valles con sus casitas, sus sembrados, sus viñas, sus higueras, sus cactus africanos, las raquetas espinosas adornadas con los pompones encarnados de los higos chumbos. Se divisaron las casas del pueblo, se pasaron tapiales y callejuelas donde jugaban niños risueños y sucios; se detuvo por fin el vehículo frente al vetusto y tradicional edificio, cuya ancha puerta, bajo sus dos cuadradas torres, y coronada por un escudo en que se ve esculpida la imagen de San Bruno, estaba adornada de palmas. Desde fuera y por todos los escalones había regadas ramas de mirto.”
RUBÉN DARÍO: El oro de Mallorca.
“Cae el crepúsculo. Tornamos a nuestra casa; es una celda del viejo monasterio de Valldemosa. Una mujer célebre ha estado en estos parajes; pero mucho más tarde un gran poeta, inolvidable amigo, ha habitado también esta mansión. Y si antes de su venida el famoso ingenio extranjero diríase que daba cierto carácter literario a la isla toda, ahora es el poeta español quien pone en esta tierra, principalmente, ya que no con exclusividad, ese ambiente que los grandes artistas, que el recuerdo de los grandes artistas, presta a los paisajes y a los edificios. Villanueva de los Infantes es Quevedo; Esquivias es Cervantes… La sombra de Rubén Darío vaga por la hermosa tierra de Mallorca. Aquí estuvo, durante meses, Rubén. Sus ojos se empaparon desde estas costas en el azul del Mediterráneo.”
AZORÍN: El paisaje de España visto por los españoles.
“¡Qué invierno aquel en Mallorca!: los vientos bramaban, las rieras se desbordaban, las casas gemían y las paredes rezumaban agua. Lleno de pensamientos siniestros, Chopin comenzaba a soñar con monjes negros. Él mismo se iba convirtiendo en un olivo de dedos nudosos, en una palmera perdida en un cielo de tormenta.”
MAURICIO WIESENTHAL: Libro de réquiems.
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