“Frente a la gótica mole de la catedral, levantada con el soberbio ánimo de que las edades futuras tuvieran por locos a los autores de tamaña empresa, se imaginaron que estaban al pie de una montaña toda entera tallada como una piedra preciosa; mas presto sus miradas se prendieron a la torre galana y ascendieron por ella, deleitándose en la contemplación de los balconcillos de mármol, graciosos ajimeces y ajicarados atauriques que la adornan y le ponen como una salerosa mantilla de maja. Luego, cogidos del brazo y de un tirón, subieron hasta la plataforma del último cuerpo grecorromano, embebeciéndose allí en la contemplación del apretado caserío de la capital andaluza con sus callejuelas tortuosas, vetustos alminares, conventos sombríos, jardines risueños y lejanías y horizontes que le cantan al espíritu una evocadora canción.”
CARLOS REYLES: El embrujo de Sevilla.