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sábado, 27 de septiembre de 2014

ISLA DE ONS


"Las islas de Ons posiblemente hayan sido una de las primeras estaciones de las lejanas, fabulosas y reales Cassitérides, las islas del estaño a que hicimos referencia, representativas de la opulencia gallega en la primera y segunda Edad del Bronce, según los datos que la prehistoria nos suministra a través de los tesoros descubiertos."

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.

sábado, 16 de noviembre de 2013

CATOIRA


"Non vaiades nunca,
eu vo-lo aconsello,
ás Torres de Oeste
co corazón negro."


ROSALÍA DE CASTRO


"Frente a Catoira, entre los juncos de la marisma, sobrevolada de patos silvestres, entrevistas en un vaho de lluvia y viento, las torres, que desprecio al aire fueron, también cantadas por Rosalía, se presentan ante los ojos del viajero como un encantador daguerrotipo romántico de la Alta Edad Media."

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.

viernes, 8 de noviembre de 2013

SAN PEDRO DE ROCAS


"El sentido politeísta de los gallegos sentía, bajo la luna y en las noches cerradas, correr el misterioso dinamismo de la naturaleza en mil formas fugitivas huyendo en el agua de las corrientes, en el murmullo de los bosques, en la enigmática indiferencia de las piedras. Imaginamos a los eremitas de San Pedro de Rocas acongojados por las apariciones demoníacas y la danza de los labrados peñascos."

RAMÓN OTERO PEDRAYO: Historia de la cultura gallega.






"Queda hoy del antiguo conjunto la iglesia de un ojival primitivo, con dos sepulcros de caballeros. En la pura roca donde moraron los primeros eremitas, a mediados del siglo VI según consta en lápida, hay excavadas tres capillas hipogeas con su arco románico labrado en la piedra. La vieja casa rectoral, la nombrada fuente, el camposanto y el campanario sobre la piedra, que parece convocar en la belleza agreste del paisaje todavía a los bienaventurados penitentes, impresionan la vista y el alma."

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.

martes, 1 de mayo de 2012

PONTEVEDRA I


“Otro templo, aunque en ruinas, resultará inolvidable para el viajero. Nos referimos a Santo Domingo, que hoy sólo nos ofrece la esbelta cabecera de altos ábsides, cuyas ventanas ojivales son bellísimas. Santo Domingo, vestido de fina hiedra y con su bello rosetón de encaje, es una invitación para la poética melancolía. Entre sus ojivas pudieran resonar perfectamente los versos de Burns o las elegías de Shelley, que proyectarían el Spleen de sus almas por entre las piedras evocadoras del Museo arqueológico, que encuentra un perfecto alojamiento entre las también evocadoras ruinas. Este museo, cobijado entre ojivas y hiedra por las que anda suelta y orquestada la voz del viento en los días de temporal, es solemne colección de sepulcros históricos –el de Payo Gómez de Sotomayor, sonado embajador a la lejana corte oriental del Gran Tamerlán, entre ellos– de interesantísimas epigrafías prehistóricas y romanas, petroglifos, capiteles románicos, lápidas diversas y heráldicas en la que campean, entre otros, escudos feudales de los Andrades, Mariños, Pazos y Montenegros.”

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.



"Las ruinas, bien iluminadas en la noche, con el encaje de la neblina en las ojivas, serían del gusto del vizconde de Chateubriand. Sorprende hallarlas en el corazón mismo de la ciudad, de la que son uno de los más bellos adornos. A su conservación va unido el nombre del ilustre arqueólogo don Casto Sampedro, quien recogía hermosas piedras que dormían en la tierra natal, a la vez que las canciones que iban por el aire, como aves, y las guardaba, para que pudiesen ser cantadas perpetuamente, en papel pautado."

ÁLVARO CUNQUEIRO: Pontevedra. Rías Bajas.

sábado, 14 de abril de 2012

PLAYA CASTIÑEIRAS


“En las rías, el verdor llega a flor de agua, cercando sus playas pálidos árboles esbeltos y temblones. La mar es de un azul desvaído, plateado en los amaneceres y en los crepúsculos apacibles, de un marengo sucio bajo los nubarrones. En la bajamar, racimos de negros y largos mejillones cubren las rocas descubiertas por el agua. Esta es fría, poblada de cantidades inmensas de mariscos. Luce un sol tibio, velado, y súbitamente avanza un frente de niebla que lo cubre todo.”

BALTASAR PORCEL: Galicia, entrevista (Las sombras chinescas)


“Las playas helénicas, condecoradas con el laurel de Dafne que da la muerte y la vida, se ofrecen ahora –en que la espesa pleamar veraniega de las ciudades las ha dejado en toda su belleza– recatadas, íntimas y palpitantes como antiguas amadas. Sobre la intacta, humilde y blanca arena festonean borbotones de oleajes encendidos, y en luz de gloria bajan a la orilla, con su llanto de resina y miel, a sumergirse los pinos lanzales. El cielo, condecorado por cientos de gaviotas deslumbrantes de blancura, está vestido de primera comunión.”

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: El gran otoño del mar (La montaña herida)

martes, 10 de abril de 2012

HÍO




“Desde Bueu a la antigua y noble villa de Cangas de Morrazo, tiene el viajero ante sí dos rutas. Una –la más larga– por Beluso, Aldán e Hío, es una pura maravilla, y sus 20 kilómetros de recorrido parecerán siempre cortos al viajero amigo. La carretera se sumerge entre verdes, oros y azules, festoneando playas de intacta hermosura. La vista es asombrosa: las islas de Ons, las Cíes, los oros o verdes del campo, los árboles que se mojan y reflejan en el mar, la pequeña ría de Aldán, los montes, la luz y, enfrente, el mar, siempre el mar… Al pasar por Aldán, que guarda el antiguo pazo de los Aldaos, de los actuales condes de Canalejas, sus herederos, con bello jardín de bojes y magnolias, buen bosque y artística fuente con la imagen de Nuestra Señora, la desviación de un ramal de la carretera que va a Donón, extrema punta de Morrazo que se asoma grandiosamente frente a las Cíes y el Atlántico, llevará al viajero hasta la riente parroquia de Hío, de helénico nombre, donde podrá admirar uno de los más curiosos y bien trabajados cruceros de Galicia, obra de la cantería popular del pasado siglo.”

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.

viernes, 6 de abril de 2012

COIRO


“A raíz de estos desventurados sucesos se perturbaron numerosas mujeres que fueron calificadas como brujas, granjeando a la villa una extraña fama y motivando el famoso proceso de las brujas de Cangas, por el que fueron ajusticiadas varias meigas, existiendo partida de defunción de las mismas en el archivo parroquial de San Salvador de Coiro. La campana de esta iglesia, a la que hicimos referencia anteriormente, llamando a junta de meigas se hizo célebre. Se decía que tocaba sola, para convocarlas todos los sábados en juntanza de aquelarre en la playa canguesa d’as areas gordas, donde las visitaba el maligno, poseyéndolas bajo la forma, reglamentaria para estos casos, de macho cabrío. El padre Sarmiento visitó esta campana en 1745 subiendo a la torre de Coiro, de bello estilo colonial, desde la que se contempla la estupenda vista del valle y al fondo la playa de las tenidas brujeriles. Por cierto que desde la corte, reinando el católico Felipe III, llegó una comisión de doctores, técnicos en maleficios, ensalmos y brujerías, para informar sobre el escándalo de las meigas canguesas, quienes afirmaron haberlas visto volar, montadas en escobas, como pajarracos negros, hacia los arenales. Dicen que se untaban previamente con un ungüento mágico los dedos de los pies y de las manos, y que recitaban un raro padrenuestro antes de ponerse en juntanza con el cabrón Satanás.”

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.

lunes, 26 de marzo de 2012

SANTA EULALIA DE BÓVEDA I


"Al otro día se vistieron con dudoso colorido, se untaron la cara con un pringue como de ungüento, y se pintaron los ojos. Unos iban con cintas y túnicas azafrán de lino y de seda; otros con túnicas blancas decoradas con listas de color púrpura, ceñidos con un cíngulo, y calzados con sandalias amarillas. A mí me cargaron una imagen de la diosa, a la que habían vestido con un velo de seda. Con los brazos y los hombros desnudos, y blandiendo unas descomunales espadas y hachas, se pusieron a bailar una frenética danza, acompañados por una insinuante melodía de flauta. Después de recorrer unas cuantas casas, llegaron a la de un rico terrateniente. Ya antes de entrar se anunciaron con gritos y alaridos discordantes, y se pusieron, como locos, a hacerse como reverencias entre lúbricos gestos, haciendo volar las cabelleras con movimientos circulares, y mordiéndose, en ocasiones, sus propias carnes; incluso llegaron a darse pequeños cortes en los brazos con un puñal de doble filo que llevaban. Uno de ellos -que llegó a ponerse en trance, emitiendo constantes gemidos que le salían de las mismas entrañas- simulaba estar poseído por el espíritu divino, como si los hombres, en presencia de los dioses, en lugar de mejorar, tuvieran que enfermar o enloquecer."

APULEYO: El asno de oro.



“En el benemérito «Boletín» de la Comisión Provincial de Monumentos de Lugo, números 61-62 de 1966, publica Nicandro Ares Vázquez un curioso artículo sobre un relieve del vestíbulo del siempre misterioso monumento de Bóveda. Ares Vázquez aseguraba que se puede ver el perfil de un ave en marcha, que va de izquierda a derecha, en dirección norte. El ave tiene sobre la cabeza un penacho vertical, «estilizado a modo de cuerno erecto, y unos tenues rayos, circundados por un halo elipsoide». El doctor Schlunk –que estos días ha vuelto por Bóveda–, escribió en 1935 que bien podría tratarse de un avestruz. Para Gómez Moreno podría tratarse de un faisán. El avestruz, como se sabe, si es puesto como ejemplo de célebre corredor entre griegos y latinos, en las Escrituras y entre los apologetas cristianos, y en la Cábala, pasa como símbolo de la hipocresía y de la estupidez. Borges habla de los australes n’kukula, o demonios de la inútil mentira, que se refugian en el avestruz para procrear. En lo que se refiere a faisanes, Mircea Eliade ha hablado más de una vez de que soñar con faisanes en la fábula china, supone soñar con salud y prosperidad, con años de riqueza y poder. Existía un refrán que de un tipo pomposo hacía decir: «Ese ha soñado con faisanes». Pero Ares Vázquez cree que el ave de Bóveda es un ave fénix. Y las razones que aduce son excelentes, y congruentes con lo que Bóveda pudo ser de lugar de mágica curación, de restauración en la sanidad de un cuerpo doliente, de resurrección, por decirlo así, en fin."

ÁLVARO CUNQUEIRO: El Envés.


“Debemos también indicar a nuestro amigo el viajero, que no salga de esta vieja urbe sin visitar, a muy pocos kilómetros de la capital, en la parroquia de Santa Eulalia de Bóveda, el extraordinario monumento, motivo de controversia entre arqueólogos y eruditos. Se trata de los restos, descubiertos en fecha reciente, de un templo prerromano enterrado durante siglos, tal vez de la etapa sueva o de los primeros tiempos del cristianismo gallego. Es rectangular, con atrio y nártex granítico, naves con tres arcos redondos y columnas de mármol labrado. En los trozos de bóveda conservados hay una simbólica y curiosa decoración, real y perfecta, de aves y flores, que recuerdan ciertas pinturas pompeyanas. Después de concluidas las excavaciones de este singular hallazgo, que es monumento nacional, y del que se ha dicho con razón que constituye uno de los más apasionantes problemas actuales de nuestra arqueología cristiana, se llegó a la determinación de que fue un ninfeo neroniano, luego cristianizado.”

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.



"Queremos tanto a Cibeles, os que vivimos en Madrid (non direi o consabido, sobrevivimos, porque sería ofender a cidade tan grata) que mesmo semella ruín lembrar que a deusa de marras era a destinataria de sacrificios humanos. Que son, precisamente, os que alporizaran a Tito Lucrecio Caro, tan querido de Méndez Ferrín (véxase O fin dun canto), como para provocar a escrita dese libro xenial que se chama De rerum natura (como eu non lle coñezo versión galega, o lector que non saiba latín e si español fará ben en consultar as versións do Abate Marchena ou Agustín García Calvo). Mais o certo é que a pobre Cibeles, deusa agrícola, e menor en todo caso, aí sigue en Madrid; "la linda tapada" de cando a Guerra Civil deu en vestila con sacos terreiros, "inasequible al desaliento". En cambio, a 14 kilómetros de Lugo tan só, nese monumento marabilloso que poderíamos chamar, se quixeramos que se cadra non, a "Capela Sixtina" da arte tardorromana, Cibeles perdeu a denominación, para pasar a chamarse Santa Eulalia de Bóveda. Ben entendido que Eulalia vale para "Convincente", co que non foron polo río abaixo aquelas sibilas que cumprían funcións no templo primitivo adicado a Cibeles (ou Rhea). Ben visitable hoxe grazas a quen dispuxo como cancerbero del un señor xentílisimo, de non sei que empresa de seguridade, que franquea a entrada dun lugar que provoca (desde os séculos III ou IV, que a cousa non está clara) espanto. E emprego este termo no senso antigo, e que conserva o portugués, de abraio, asombro, apampamento. Polo conxunto, misterioso e hermético, e aquí ten que ir a piscina para os bautismos de sangue sacrificial, anteriores aos máis temperados que aportara o cristianismo. Mais –sobre todo– para os murais que representando aves aquí xorden. Galos, galiñas, ¿avestruces?, parrulos, pombas, pavos reais e todo galiñeiro, con funcións ben definidas para cada especie, e que fan do visitante un admirador entregado. Santa Eulalia de Bóveda ou Nosa Señora Cibeles de Lugo para os que pensen que xa o viran todo."

VICENTE ARAGUAS: Nosa señora Cibeles. El Correo Gallego 02.09.2007

domingo, 18 de marzo de 2012

SANTA MARIÑA DE AUGAS SANTAS




“Muchas ermitas y templos cristianos –como los de Santa Mariña das Augas Santas florecida en lugares de los templos antiguos de la ciudad de Armeá cuyas ruinas son en nuestros días exhumadas– prendieron en suelo consagrado a númenes celto-romanos. La leyenda no se olvida. La arqueología lo confirma.”

RAMÓN OTERO PEDRAYO: Orense.




“Desde Orense hasta Allariz asciende la carretera que pasa el Barbaña –pinares, centenos, reposadas y magnas vistas–. En el kilómetro 17 un breve y viejo camino aldeano conduce al tradicional santuario de Santa Mariña de Aguas Santas. La popular flor del milagro ilumina las tres fuentes surgidas al golpe de la cortada cabeza de la martirizada virgen, y señala el lugar del horno donde su cuerpo fue quemado.”

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.



“Yendo, pues, a Santa Mariña de Augas Santas, a Allariz y al Arnoya, con decir el itinerario, poniéndose uno por los nombres a imaginar el país aquel y sus estancias, ya ilumina hermosas estampas y memorias. Segaban centeno por la Rabeda, pero en lo alto de la cuesta nos encontró la tormenta, que era de esas que dicen «de gran aparato eléctrico», y sin pararnos para tomar camino a Santa Mariña de Augas Santas, seguimos vía Allariz. Me quedé sin ver el horno donde quemaron a Mariña, y las fuentes que brotaron donde posó su cabeza: nunca habrá tocado el suelo nuestro piedra preciosa más fina. Yo iba, con versos que a veces me aventaban de la imaginación los relámpagos, haciéndole un retrato.”

ÁLVARO CUNQUEIRO: El pasajero en Galicia.



“Una tradición, recogida por Xaquín Lorenzo y confirmada por nosotros en Cotobade, lejos de A Limia, asegura que en la laguna había una ciudad que se llamaba Antioquía y que quedó inundada. En aquel lugar, mientras duró la laguna, en días serenos y a determinada hora, se escuchaban las campanas con un sonido muy lejano. Muchas piedras perforadas o gastadas, quizás por la erosión, que tienen hechura de oreja y conservan agua, son muy estimadas por los romeros, por sanar esa agua el dolor de oídos; y en las fuentes la beben y también la llevan para sus casas los vecinos y los propios romeros. Cerca del llamado Forno da Santa, se encuentra una pila excavada en la roca, designada con el nombre de Baño de la Santa. Se trata de una pila megalítica. El Forno da Santa está situado cerca de la iglesia parroquial, al pie del monte de As Muradellas o de As Casarellas, un antiguo castro. La cima del monte se llama Outeiro dos Pendés, porque el día de la fiesta patronal los mozos suben con los pendones a la cima, mientras el resto de la procesión aguarda al lado de la pila de la santa. El “Forno da Santa, –dice Xaquín Lorenzo Fernández– tuvo una utilización ininterrumpida, como quemador o como lugar sagrado desde la época céltica hasta nuestros días”. Encima está comenzada la Basílica de la Ascensión, pero la gente cuenta que la cripta fue el horno donde echaron a la Santa y de donde la sacó San Pedro.”

ANTONIO FRAGUAS FRAGUAS: Romerías y santuarios de Galicia.

martes, 6 de marzo de 2012

SANTA COMBA DE BANDE


“Es como la rara y preciosa letra inicial del códice en piedra de la plástica de la Edad Media, la iglesia de tipo visigótico de Santa Comba de Bande, quizá sueva, de autorizada simbólica, reflejo de la inspiración bizantina, en tierra de severa belleza.”

RAMÓN OTERO PEDRAYO: Orense.






“Del siglo VII es la hermosa iglesia de Santa Comba de Bande, dada como muestra muy pura del estilo que se denomina visigótico: planta de cruz griega, arcos de herradura, columnas enteras de mármol, celosía de piedra calada.”

VICENTE RISCO: Historia de Galicia.





“Cerca del lugar donde fueron las termas se alza la iglesia de Santa Comba de Bande, donde estuvo hasta el comienzo del XVI el cuerpo de San Torcuato, considerada justamente como la de más importancia en España en el orden arquitectónico suevo-visigótico. Este singular templo del siglo VII, con planta de cruz griega, bóveda de cañón y arco de herradura sobre columnas marmóreas con capiteles corintios y visigóticos, ha de impresionar la sensibilidad del viajero; con mayor motivo si a éste le impulsan afanes arqueológicos.”

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: Galicia. Guía espiritual de una tierra.



sábado, 6 de septiembre de 2008

O CORPIÑO I




"En el tiempo de las fresas -que en el Ulla llaman "frezes"- Florinda, que era la rapaza más bonita y graciosa de Paizás, iba a cogerlas al fresal y, coronada con ellas, bailaba en la primavera. Yo la veía bailar, mientras que el jardín se volvía cada vez más limpio con los chaparrones verdes de mayo. Subía un aroma embriagador a ozono y a fresa mojada y, en la dulzura de la tarde, sonaba, sobre el verde recién lavado de los bojes, más clara la sonata amarilla de los mirlos.

Pero Florinda, a veces, se ponía muy triste y la daban unos ataques que la privaban del sentido; entonces comenzaba a hablar en un lenguaje extraño que nadie comprendía. Los médicos no acertaban con el mal y Margarita de Vaamonde, la abuela de Doloriñas de Noceda, que era saludadora, y el brujo de Tribaldes con ella, concordaron que tenía el "Ramo Cativo", y que lo mejor sería llevarla al Corpiño, en el día del glorioso San Juan.

En el día señalado, y aún con bastante noche, que de Paizás a Nuestra Señora del Corpiño, que queda más allá de Silleda, hay sus buenas seis leguas de andadura, aparejaron la yegua y se puso la madre de Florinda, porque el padre había muerto hacía años, bajo las estrellas con la rapaza en camino. Yo iba también, porque nunca había estado en el Corpiño, y me habían dado permiso en casa. Nos acompañaba el señor Ramón, el viejo criado nuestro, de quien hablé, que llevaba, para cubrir bajas, como decía, a su famosa burra de la que era inseparable. El señor Ramón iba de espolique con una vara de avellano en la mano contándonos los peligros y las tribulaciones que había pasado de mozo en las Américas, e historias de ladrones y aparecidos que le daban mucho miedo a Andresa de Cancelas, la madre de Florinda. Esta iba encima de la yegua sin hablar nada, y su madre aseguraba que tenía fiebre.

Ya pasada la puente Ulla, nos encontramos con otras gentes que iban ofre cidas al Corpiño: un viejo blasfemo que llevaban encima del caballo, unos niños que parecían de cera; una mujer que se arañaba toda la cara y escupía pelos por la boca, y otros enfermos. Comenzaba a amanecer, entre los cantos indecisos de los primeros pájaros.

En el cielo se dibujaban unas rayas asíntotas, como de leche, pero la noche aún subía de la tierra húmeda, con sabor a pantanos, hierbas y hojas mojadas. Después el cielo comenzó a ponerse ropas brillantes, amarillas y coloradas, y las casas del valle y las montesías se desperezaron elevando el humo hacia los primeros rayos.

Nos lavamos la cara en una fuente, en la que echamos hierbas de la mañana de San Juan, y poco después avistamos el Santuario. Entonces Florinda empezó a gritar, lanzando palabrotas y pecados contra la Santa, y hubo que sujetarla bien, pues se quería tirar de la cabalgadura, mientras el viejo blasfemo se puso a su vez frenético. Costó mucho trabajo, igual que acaecía con otros enfermos, hacerlos entrar en la iglesia, donde ya llevaban toda la noche diciendo misas. La algarabía era increíble; en tanto unos lloraban y blasfemaban, otros cantaban y se desmayaban, mientras un fraile corpulento, por encima de toda aquella tolería, lanzaba asperges de agua bendita y exorcismos.

Yo comencé a marearme, y tuve que salir a la puerta a respirar, ayudado por el señor Ramón; que no era nada fácil penetrar en aquella muchedumbre implorante, vociferante y sudorosa, apretada como si fueran perdigones.

Terminada la misa, Florinda echó un burujo de pelos por la boca, y se quedó traspuesta como en trance. Con mucho trabajo la sacaron al atrio, donde se iba a organizar la procesión presidida por Nuestra Señora del Corpiño, muy puesta en el anda, rodeada de exvotos, y con muchos billetes prendidos con alfileres en su manto. Detrás había otros santos, entre los que destacaba la milagrosa Santa Eufemia, San Julián, San Roque, con su pequeño perro, lamiéndole la herida abierta de la pierna...

Luego, tras los clérigos y el robusto fraile predicador, tocó la banda de Silleda, con sus alabados músicos, de guerrera desabrochada y un pañuelo por debajo de la gorra, por aquello del calor, que era por cierto mucho. Por último, los ofrecidos y ofrecidas, muchos arrodillados, fueron cantando en la procesión los gozos y letanías del Corpiño. Comimos, bajo la sombra refrescante de los robles antiguos que rodean el Santuario, las viandas que habíamos traído con nosotros, y picamos a modo de regalo en el pulpo de media cura que se cocía en las grandes calderas de cobre de las orondas y encendidas pulpeiras de Carballino. Aquel pulpo, con su punto de pimentón picante, acompañaba muy bien al fresco vino del Ulla. Florinda comió muy poco, pero estaba tranquila y hasta sonreía, con aquella sonrisa que tenía cuando bailaba, coronada por las fresas.

Regresamos con el sol poniente, porque el señor Ramón encontró a viejos compañeros de sus años de emigración y no había modo de arrancarlo de allá. Estaba pegado al toldo del puesto, bebiendo cafés y copas, "como si fuera un alcalde", según decía, admirada, Andresa de Cancelas.

Salimos por fin camino de Paizás, a donde llegamos tardísimo por culpa de la bebedeira del señor Ramón, que se paraba a veces, y hacía parar a los caballos, y se ponía a escuchar, como los indios, con la oreja contra el suelo, para oír unos imaginarios ladrones que se aproximaban, según recuerdos de la pampa argentina.

En casa estaban muy alarmados cuando llegamos, y decidieron que siendo tan niño no debían confiarme en el futuro a viajes largos con el señor Ramón, que era muy bueno pero tenía poco sentido. Llegué muerto de sueño pero me di cuenta de la conversación de los mayores y me quedé contristado, por gustar mucho de la compañía y de los cuentos del señor Ramón, aunque éstos últimos podría seguir oyéndolos en el lar, lo que no dejaba de ser un consuelo.

Florinda, desde entonces, quedó curada, y no volvió a tener ataques. Alababan todos al Corpiño y la buena idea de haberla llevado allí."

JOSÉ MARÍA CASTROVIEJO: "Memorias de una tierra"



"El libro tiene esa melancolía de fondo de todos los libros de memorias de infancia y juventud, pero el autor descubre en las páginas todas esas cosas que cuentan formaron parte de su aprendizaje de hombre, y de una manera u otra están el él, vivas en cuanto una vuelta de memoria las toca. Y esto es lo que da tono al libro, el saber que a la par que una invención literaria hay una realidad humana, la de Castroviejo y sus criaturas, en un paisaje dado, y que conserva una ensoñadora felicidad."

ÁLVARO CUNQUEIRO: Prólogo a Memorias de una tierra.