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martes, 30 de junio de 2009

SANTILLANA DEL MAR VII


Oigo como un rotundo tronar de capiteles
¿Abrirá tras las lomas el mar grutas azules?
Crece el musgo en las uñas de los leones de piedra.
Las ballestas apuntan al vientre de los niños.
El pueblo es un gran árbol de piedra retorcida
y la lluvia no cesa de suavizar su lomo.
En el aire un aroma enfermo de eucaliptos.
Guardaré todo el sueño de esta noche en mi pecho
y volveré a pensar en las hortensias húmedas
del jardín, en la hierba medieval de los claustros.
Monstruos de las arcadas, abrid bien vuestros ojos
abultados, sabed que también yo soy duende
y sé de sortilegios y de milagrerías.
Fresquísima es la boca de la noche en las gárgolas.
Viene un ciervo de piedra a beber en la fuente.
Huele su piel a azufre, a aire marino, a yedra.
Se yergue suntuoso como un rosal, es ciego
y suenan sus pezuñas de plata en cada losa.
Mil veces lo han herido de muerte por los bosques
y otras tantas lo han visto desde las celosías
inclinar en la fuente su cabeza sonámbula.
Qué angustia recordarme sin balcón en la noche,
sin navío de piedra surcando las higueras,
el maíz primitivo, los paganos cipreses.
Guardaré todo el sueño, la belleza en huida
y seguirán las rosas de herrumbre tan lozanas
floreciendo en las verjas como negros halcones.
Sí, volverá el milagro de la lluvia otra noche
con el son enlutado, hondo, de la vihuela,
con las yeguas en celo piafando en las cuadras,
con el bello ajimez prieto de ruiseñores.

Guardaré, maga amiga de sienes de violeta,
el sabor de tus labios hechizados a muerte.

ANTONIO COLINAS
(Fantasía y fuga en Santillana del Mar)

sábado, 17 de mayo de 2008

NOCTURNO



"Voy caminando de noche por las calles
de una ciudad antigua y secreta.
Camino y, al hacerlo, me extravío
como en un laberinto de piedra y de nostalgia.
Voy caminando entre dos mujeres.
Una tiene muy negros sus cabellos.
La otra tiene los ojos muy azules.
Pero yo sólo pienso en la que duerme
con el aroma de los narcisos,
entre brumas y faros,
allá en la otra orilla del mar de los delfines."

ANTONIO COLINAS: Nocturnos.

De Libro de la mansedumbre



LUIS RODRÍGUEZ: Nocturno de Chopin.


martes, 26 de febrero de 2008

LA CASA


ANTONIO COLINAS
El poeta visita la casa donde nació.

Abrasaba la luna el patio, los tejados,
cuando salté la tapia rota y entré en la casa
donde un día atisbé la luz por vez primera.
¡Qué llaga tan tremenda, qué asombro inesperado
para el que espera alivio buscando en el recuerdo!
Cruzaba los pasillos tropezando en los cántaros
oscuros, polvorientos, y crujían los pasos,
y el corazón crujía de horror y de ternura.
Pesaba la honda nota del corazón al ir
penetrando y las lágrimas quedaban contenidas.
Desván para recuerdos sólo era aquel lugar
que el tiempo empapó todo de lluvia y de tristeza.
Salí con el sigilo medroso del que huye.
En no sé qué rincón el pájaro de entonces
desgranaba su queja sobre las ruinas mudas.
Dejó de derramar la luna luz de azufre
y todo el firmamento quedó mudo, tranquilo.
Sobre el cerro los muros sonámbulos del templo
seguían mi escapada con ojos de lechuza.


jueves, 14 de febrero de 2008

URUEÑA




ANTONIO COLINAS
¿Conocéis el lugar?

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que es aquí, en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos podrían sanar para siempre
si tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar esa música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena a los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un enjambre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.
Es el lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos
alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes anunciadas,
y el pueblo amurallado y muerto
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
donde por los linderos morados
se tensa, como un arco, la luz;
es un espacio en que la nada es todo
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes
vertiendo de su copa oro líquido.
Es un lugar en el que el espacio y el tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).
La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
Es la música que, a través de la respiración de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran nuestros pechos.

JOSÉ S. CARRALERO: Urueña

lunes, 11 de febrero de 2008

IBIZA



ANTONIO COLINAS
El muro blanco.

Estoy sentado frente a un muro blanco:
áspero muro, seco como grito
de cristal, o quizá como nieve
de infancia en el silencio de los páramos.
Un muro blanco, blanco como hueso
calcinado, o quizá como cal viva
que en las tumbas abraza carne blanca.
Y, mirándolo, yo también soy blanco,
pues blanco es el fuego o es la luz
que va y viene en las venas venturosas.
Mientras dure mi luz todo lo blanco
del mundo envolverá la sala, el aire,
las horas de esta casa que es hoguera.
Estoy sentado frente al muro blanco
esperándolo todo y obteniendo
todo de cuanto es nada en su blancura.
El muro que es desierto de mi alma.
El muro que es desierto de la luz.



VICENT FERRER GUASCH