sábado, 5 de febrero de 2011

LANZAROTE II


“En Femés no hay gallos para cantar la madrugada; en Femés este oficio es para los perros, que perros sí que hay, delgados, asustadizos, con las orejas puntiagudas y más de cuatro garrapatas en el cuello. En Femés los perros son los amos porque son muy dueños de sus vidas, porque son los amos de sus amos, aunque de patadas, piedras y variscazos tengan el lomo más que satisfecho. Los perros en Femés son amigos de las moscas, a quienes nunca espantan por verdes que éstas sean. Los perros en el pueblo son los señores, porque si es verdad que no comen, también es verdad que no trabajan. Los hombres y los perros cuando se cruzan por los caminos se saludan interiormente con una reverencia porque ambos se saben guardadores de secretos especiales. Durante la noche los perros de Femés no ladran a la luna, porque la luna no es forastera en el pueblo, ya que la luna es de Femés y nació en lo alto del monte Tinazor en la fecha misma que nacieron ellos. Pero al alba es otra cosa. El alba en Femés comienza con un tono claro en el horizonte y un color azul frío como el acero. Es como si apareciese una espada o un largo pez luminoso. Entonces los perros salen de las casas, de los grandes patios donde han pasado la noche y se reúnen en la plaza, si plaza puede llamarse al llano de tierra apelmazada que hay frente a la iglesia. Desde allí ladran furiosos a la torre, que en esos instantes se vuelve negra y hasta más alta. Los perros ladran mirando hacia arriba, hacia el campanario. La gente del pueblo dice que los perros a esa hora confunden la torre de la iglesia con Mararía la bruja, porque ella tiene la silueta alta y oscura y los ojos le brillan como los bronces de las pequeñas campanas. Luego, todo vuelve a quedar en silencio.”

RAFAEL AROZARENA: Mararía.


PEDRO GUERRA: Mararía.

martes, 1 de febrero de 2011

LANZAROTE I


"No debiste venir aquí. Esta isla no existe. Es un espejismo de los desiertos africanos. Es una balsa de piedra desprendida de España. Es un volcán que se olvidó de irrumpir en México. Vas a creer lo que ves y cuando te vayas te darás cuenta de que nada está allí. Vas a acercarte en el vapor a una fortaleza negra que surge del Atlántico como un fantasma lejano de Europa. Lanzarote es la nave de piedra anclada precariamente frente a las arenas de África; pero la piedra de la isla es más ardiente que el sol del desierto.


Todo lo que ves es falso, es el cataclismo nuestro de cada día, sucedió anoche, no ha tenido tiempo de hacerse historia, y va a desaparecer en cualquier momento, como llegó, de la noche a la mañana. Miras las montañas de fuego que dominan el paisaje y recuerdas que hace apenas dos siglos no existían. Las cumbres más altas y fuertes de la isla acaban de nacer y nacieron destruyendo, sepultaron en lava ardiente las humildes viñas, y apenas se calmó la primera erupción, hace cien años, otra vez, el volcán volvió a bostezar y con su hálito quemó todas las plantas y cubrió todos los techos.



No debiste venir aquí. ¿Qué te trajo de nuevo hasta mí? Nada de esto es cierto. ¿Cómo van a caber dentro de un cráter debajo del mar una cordillera de arena y un lago de un azul más fuerte que el del mar y el del cielo? Qué ganas de darte cita allá abajo de las olas, donde tú y yo nos volvamos a ver como dos espectros del mar océano que siempre debió separarnos. ¿Vamos a reunirnos ahora tú y yo en una isla trémula donde el fuego está enterrado en vida?"

CARLOS FUENTES: Los años con Laura Díaz.


GYORGY LIGETI: Atmospheres

viernes, 28 de enero de 2011

TÚNEZ II


"En la ciudad árabe, la parte más interesante es el barrio de los Souks, largas calles abovedadas o cubiertas con tejados de planchas, a través de los cuales desliza el sol láminas de fuego, que parecen cortar el paso de los transeúntes y vendedores. En los bazares, galerías tortuosas y entrecruzadas es donde los vendedores por corporaciones, sentados o acurrucados en medio de sus mercancías en tiendecitas cubiertas, llaman con energía al cliente o permanecen inmóviles en sus nichos de alfombra, de telas de todos los colores, de cueros, de bridas, de sillas para montar, de arneses bordados de oro, o en los rosarios amarillos y rojos de babuchas."

GUY DE MAUPASSANT: La vida errante.

SCIAMMARELLA: Guy de Maupassant


DHAFER YOUSSEF: Nafha.

miércoles, 26 de enero de 2011

AREOPOLI


"La partida del autobús impidió cualquier otro comentario, y pronto nos hayamos en los asientos delanteros, traqueteando por el adoquinado, con las piernas en medio de un averío y con manojos de albahaca, mejorana y romero sobre nuestros regazos, presentes de despedida que Eleni, la cantante de lamentos fúnebres, nos había enviado. Dejamos atrás las afueras de la ciudad, y los remanentes de luz se desvanecían rápidamente sobre el golfo situado debajo de nosotros, en una estela ambarina y verdeazulada. ¡Ciento veintisiete! Aquel hombre había nacido dos años antes de que Byron falleciese en Mesolongi. Jorge IV, Carlos X y Alejandro I estaban en sus tronos, Wellington, Metternich y Talleyrand rondaban la mediana edad. Sus recuerdos más tempranos incluirían a Petrobey a la cabeza de su rudo ejército maniota, los guerrilleros erizados como un puercoespín a causa de los fusiles de cañón largo, las cimitarras, los janyares, los yataganes y las pistolas con repujados de plata, arrastrando cañones de bronce a través de los empedrados de Tsimova... Las primeras historias que habrá escuchado deben de haber estado relacionadas con la quema de poblaciones y con las pirámides de cabezas cortadas, la matanza de la caballería de negros de Ibrahim, las decapitaciones y los empalamientos. Acaso haya oído, a través del golfo y de las montañas, el repentino fragor de las armas proveniente de Navarino, y quizá, con el súbito tañido de las campanas, haya advertido confusamente que Grecia era libre... Las especulaciones proliferaban en las crecientes sombras. El destartalado autobús, corcoveando y encabritándose, se internaba cada vez más en el Mani Profundo. Inquietas gallinas cloqueaban en el suelo, los olivos pasaban zumbando en la oscuridad. En una parada, en el exterior de un café rural, una mujer alzó en brazos, hasta la altura de nuestra ventanilla, a un niño pequeño y le dijo que echara un vistazo a los extranjeros. «Jamás ha visto a ninguno –comentó la mujer, disculpándose. Luego añadió–: Tampoco yo…»."

PATRICK LEIGH FERMOR: Mani. Viajes por el sur del Peloponeso.



MANOS ACHALINOTOPOULOS: Hyacinth.

viernes, 21 de enero de 2011

CARTES




"La primera que se encontraba era una primorosa vivienda infanzona, grande, sólida, alegre, restaurada y pintada recientemente, con cortafuegos de piedra, aleros labrados y ancho escudo circundado de follaje granítico. Antes faltara en ella el escudo que la parra, cuyos sarmientos, cargados de hoja, parecían un bigote que aquélla tenía en el lugar correspondiente de su cara, siendo las dos ventanas los ojos, el escudo la nariz y el largo balcón la boca, siempre riendo. Para que la personificación fuera completa, salía del balcón una viga destinada a sujetar la cuerda de tender la ropa, y con tal accesorio, la casa con rostro estaba fumándose un cigarro puro."

BENITO PÉREZ GALDÓS: Marianela.

viernes, 14 de enero de 2011

PARADILLA DEL ALCOR


"A cosa de dos leguas largas de esta abierta ciudad de Palencia yace, anejo de Autilla del Pino, cerca de Paredes del Monte, el caserío de Paradilla del Alcor, al pie de un castillo -más bien castrillo-, que fue de la Casa de Veragua. Llegamos allá, páramo arriba, por el Valle de las Monjas primero, y al último por una carreterilla, flanqueada de jóvenes arbolillos desmedrados y entre cuyas roderas crece la yerba (...) Una iglesiuca de San Pelayo, semitibetana o mongólica, con escudos señoriales, pero nada señores; ridículas cromolitografías modernas y la entrada con su enrejado en el suelo, para defenderla del ganado, y entre la que crece cruda yerba campesina: cardos, espigas de perro y malvas de humildes florecillas caseras."



"El castillo. Sencillo, rudo, borroso, al parecer, insignificante. Como un gran guijarro, pedrusco o jejo arqueológico. Se entra en su recinto por la ruina de una puerta flanqueada de dos torreoncillos. Luego, el torreón y sus mansiones, algunas sembradas de palominos. Junto a un corralillo zumban las abejas. En una tronera, una pequeña culebrina simbólica. Por de fuera, un reló de sol. Y ni artesonados, ni arcadas, ni columnatas, ni patios. Ni, a falta de río o arroyo, siquiera estanque o charca en que se espeje para aliñarse y alindarse. Ni fosos, ni puentes. Y menos un parque. Todo alienta resignada pobreza. Mas desde arriba, desde los ventanales, la visión espléndida y transparente del páramo y de la nava palentinos. (...)"



"En remansos como ése ni se oye bocina de auto, ni zumbidos de vuelo de avión mecánico -pues hay el otro, el arrejaque-, ni hay cine, ni radio, ni gramófono que distraigan el ánimo de gentes mecanizadas y aburridas y les quiten ojos para el campo y sus criaturas naturales, oidos para el canto de los pájaros, los grillos, los sapos, las fuentes y el arranque del vuelo de las palomas, ni les priven de sentir en la carne -mediatamente, pues no correspondemos a la desnudez de la campiña- el toque de la yerba muelle, y verde, y fresca o tibia al sol. En ese rincón de los Campos Góticos se asienta el campesino natural. Allí, ni postes de telégrafo ni esos armatostes, pintados de rojo, que han de conducir la energía eléctrica del Duero. Porque todo eso de la mecánica está cerrándole al hombre modernizado la visión de la vida natural. Y así no pocos espíritus a fosilizarse desde la raíz a la flor, si no quedan troncados."

MIGUEL DE UNAMUNO: Paisajes del alma.


JOHN RENBOURN: The Hermit.

jueves, 6 de enero de 2011

PALENCIA VII


"¿Por qué alguna vez asociamos en el recuerdo un perfume, una piedra preciosa o un verso, a una cosa que nada tiene que ver con todo esto? No sé, pero es el caso que tal vez porque a la luz del satélite la vi por primera vez, la Catedral palentina me pareció un enorme ópalo. Como la piedra fatal, es fría, hermética; no es pobre, pero por fuera da una sensación de hosca glaciedad. Apenas tiene adornos, y en la torre tronchada, el pequeño campanario aumenta la opresora impresión de abandono. Alienta realmente como algo de otros tiempos que ha quedado petrificado allí.

En torno a la iglesia, las calles están desiertas y silenciosas, y una plazoleta se abre, abandonada ante el muro liso y hostil, en que se abren dos puertas: una magnífica y otra inacabada."


ANTONIO DE HOYOS Y VINENT: "Las hogueras de Castilla"


ISIDRO LÓPEZ MURIAS: Catedral de Palencia.



Anna Pietrzak: La Catedral (Agustín Barrios Mangoré)

martes, 28 de diciembre de 2010

SEVILLA IX


“Habiendo dejado la fiebre de hacer estragos hacia el final del otoño y desaparecido completamente unas cuantas semanas antes de Navidad, mi amigo y yo nos dispusimos a volver a casa. Nunca me olvidaré de nuestra melancólica llegada a Sevilla la última tarde de Diciembre. Fuera aparte del peligro de contagio que todavía existía para los que habíamos estado ausentes, se notaba un cambio visible tanto en el aspecto de la ciudad, como, en el del vecindario, que no podía menos que impresionar incluso a los más duros de espíritu que se acercaban por primera vez al teatro de tan reciente calamidad.”

JOSÉ MARÍA BLANCO WHITE: "Cartas de España"

miércoles, 22 de diciembre de 2010

SEVILLA VIII


"Sólo de vez en vez, a lo largo del tiempo, un destello de genio la cruza calladamente, como en el caso de Bécquer. Por eso quizá el encanto romántico andaluz tenga en esta ciudad un cariz moribundo; es una dorada ruina. Hoy tal vez no sea fácil percibir esto, porque una ola de falsa tradición renovadora la ha venido anegando en los últimos años; se la ha disfrazado como para un carnaval. Pero no es más andaluz quien de andaluz se disfraza, sino quien lleva intacto dentro de sí, límpido y seductor, el reflejo de esta tierra misteriosa, perezosa y activa, vívida y soñadora. ¿Qué relación tiene lo otro con Andalucía? Preferibles son mil veces las ruinas, fieles siempre, a ese absurdo y externo andalucismo reciente, de una facilidad repugnante. Vergüenza de todos los gestos, gritos, coplillas y escenas vulgares, compuestas a imitación de algo que nunca fue real."

LUIS CERNUDA: Divagación sobre la Andalucía romántica.

viernes, 17 de diciembre de 2010

SEVILLA VII


“Desde que he visto Sevilla y Córdoba, me siento tentado de hacerme turco. Todo lo bello y útil que hay es obra de los moros. Sus acueductos dan de beber todavía a todas las ciudades del Sur, sin que nunca los habitantes cristianos se hayan tomado la molestia de repararlos. Desfiguraron sus mezquitas para hacer iglesias y, en las casas particulares, los bárbaros ocultaron bajo una espesa capa de enlucido los adornos deliciosos que los arquitectos árabes sabían utilizar tan bien. El Alcázar de Sevilla y la Mezquita de Córdoba, ahora catedral, estaban cubiertos de arriba abajo de arabescos de color; ahora se ha recubierto todo ello con una capa de yeso; es costumbre pintarlo todo de blanco. Es la única limpieza de un país en que se comen moscas en la sopa en las mejores casas.”

PROSPER MÉRIMÉE: Viajes a España.



LUIS DELGADO: Marrakesh, Sevilla y Rabat.

domingo, 12 de diciembre de 2010

SEVILLA VI


“Hay en Sevilla, cerca de la Giralda, un antiguo patio de mezquita; los naranjos crecen a trechos, simétricamente. El resto del patio está embaldosado. Los días de gran sol no hay más que una pequeña sombra limitada. Es un patio cuadrado, rodeado de muros; y de gran belleza, no sé explicarte por qué.”

ANDRÉ GIDE: Los alimentos terrenales.

martes, 7 de diciembre de 2010

SEVILLA V


“Por lo que respecta a Sevilla no hemos conseguido armonizar en lo más mínimo, aunque los sevillanos habían tomado muy a pecho la fiesta de la Virgen, y yo tenía ante mí toda una octava de ceremonias, a cuyo comienzo llegué incluso a participar. La catedral me resultó en el fondo antipática, por no decir hostil. En ella todo resulta desprovisto de gravedad, todo se torna un tanto vago en esta catedral tan ambiciosamente construida; es como un espíritu de supertriunfo que incluso quisiera triunfar sobre Dios, y pretendiera, en cierto modo, abarcarlo desde arriba. Y el detestable órgano, con un ruido empalagoso, hacía tan dulzón el espacio que parecía como si las colosales pilastras fueran a desmayarse. Y este reblandecimiento de la piedra, a manera de un juego de prestidigitación, me dejó, cualquiera que fuese el objeto perseguido, completamente indiferente.”

RAINER MARÍA RILKE: Epistolario español.


JORGE PARDO: Río ancho.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

SEVILLA IV


“Forzado el puente de barcas por el almirante Bonifaz, forzada la Puerta Real por Garci Pérez de Vargas, triunfa la cruz sobre la media luna. Pero la Sevilla cristiana no tiene identidad, sino nostalgia; sus reyes reciben embajadas persas, se enjaezan a la morisca, aprenden lenguas semíticas, labran su alcázar con alarifes granadinos. La Andalucía vencida acaba por vencer a sus vencedores. Por fin se deciden éstos a arrasar la mezquita mayor para levantar su catedral y, al excavar los cimientos, encuentran un cocodrilo. No saben qué hacer con él y lo cuelgan como un trofeo de caza entre la Giralda y el Patio de los Naranjos. Queda en pie la Giralda, el minarete de la mezquita, escala al cielo, camino de Sevilla al cielo, cerrado aún con bolas de bronce, sin almuédano ni campanas, y en ella sigue la ciudad crucificada desde el día de la Conquista. Ha de esperar tres días sagrados, tres días como tres siglos, y al cabo de los tres siglos resucita. Sigue en el aire el cocodrilo sacrificado, exhumado de su cripta mágica, pero el barroco desclava de su cruz a la ciudad y, al ponerle al minarete un campanario con la Fe por veleta, le vuelve a abrir a Sevilla el camino al cielo. Y es que en el barroco deja Sevilla de mirar a su pasado y descubre un futuro: la nostalgia de África deja paso a la ilusión de América, y el puesto del cocodrilo en su matriz sacrificial viene a ocuparlo la sierpe del Paraíso bajo una ambigua media luna.”

AQUILINO DUQUE: La rueda de fuego.