viernes, 21 de octubre de 2011

ZUMAIA


“En los acantilados de Zumaia, podemos asistir a la extinción de los dinosaurios, al nacimiento de los Pirineos o a los cambios cíclicos del clima. Todos estos acontecimientos están registrados en el flysch, un inmenso hojaldre de piedra que va alternando capas de calizas, margas y areniscas. Cada una de esas capa es una página de historia natural y entre todas forman un libro de ocho kilómetros que abarca cincuenta millones de años.”

ANDER IZAGIRRE: Cuidadores de mundos.

http://gentedigital.es/comunidad/anderiza/



"¿Recordáis este paisaje conocido de Zumaya? ¿Recordáis cómo amanece Zumaya, dulce y alegre, a la vera de una ría tranquila, tras un recodo de la costa cantábrica coronado de la espuma innumerable de este fuerte mar?"

GASPAR GÓMEZ DE LA SERNA: Entrerramones y otros ensayos.

miércoles, 19 de octubre de 2011

ITZIAR


“Itziar no tiene puerto, a pesar de estar cerca y encima del mar; es una aldea terrestre, con varios caseríos rodeados de maizales. Cerca de las casas se levantan almiares de heno y de helechos, que en el país se llaman «metas». En las partes elevadas reinan los robles y los castaños, y en los derrumbaderos las carrascas.”

PÍO BAROJA: El País Vasco.

lunes, 17 de octubre de 2011

MUTRIKU


“Motrico, visto desde la altura de un monte cercano, parece una construcción bonita y caprichosa de un arquitecto de casas de Nacimiento. La actividad de su puerto pesquero y el contraste de lo campesino y marinero de las carretas de bueyes o de vacas y de las barcas de pesca, le prestan también una gratísima confusión de Nacimiento. No sería extraño que un buen día, un día lunático o limbático, los bueyes tiraran de las barcas y los carros fueran impulsados a remo. Motrico sin querer se ve con ojos de niño.”

IGNACIO ALDECOA: El País Vasco.

martes, 11 de octubre de 2011

SAN ADRIÁN DE ARGIÑETA





“A dos kilómetros al norte de Elorrio, en lo alto de una colina erizada de oblicuas y añosas hayas, se encuentra la ermita de San Adrián de Arguineta, y los veintitrés sepulcros de la raza desconocida.

Conduce al monte un estrecho camino ascensional, duro de pedruscos. Se avanza respirando trabajosamente entre planos verdes de sembrados. Por el senderillo se tropieza con chicos que llevan una vaca atada de una cuerda. Hacia oriente zigzaguea en el cielo la línea azul de los Pirineos, y la quietud del paraje es tal, que una gota de rocío suspendida del vértice de una hoja se desvanece sin desprenderse. Los troncos de corteza manchada anuncian el monte; las bellotas se despegan de las ramas, y el silencio es tan profundo que cuando ruedan los frutos sobre las hojas secas, se escucha el ruido de su choque como alternativas goteras que no mojan el follaje.

Durante la ascensión, me he sentado varias veces en el margen de los prados; luego, he continuado hacia arriba, he tomado un recodo defendido de espinos hostiles y, de pronto, en una planicie de lo alto, formando rectángulo en el calvero, he visto los veintitrés ataúdes de piedra llamados sepulcros. Los ciclópeos cajones de arenisca muestran, separados en la delantera, discos de piedra con talla de cruces de cuatro cabezas.

Algunos ataúdes están descubiertos y exhiben un interior amusgado de hojas secas. El escavado sitio destinado a la cabeza va enganchando su hueco a medida que llega a los hombros, estrecha su paralelogramo a medida que avanza hacia los pies, y en una tapa se lee, en latín: In dei nomine, humus in corporen. Viven fecit. In era CMXXXI. Hic dormit. («En el nombre de Dios, Mumo hizo esta sepultura, viviendo en el cuerpo. Año 931. Aquí duerme»).

No, ya no duerme allí. Polvo y hojas secas ocupan su lecho. Hace treinta años las sepulturas aún contenían cuerpos momificados. Un niño, que ahora es hombre, recuerda haber arrancado un pedazo de esqueleto del interior de un ataúd y de haberle dicho a sus compañeros de aventuras:

–Éstos son muertos de cartón.

Se ignora a qué raza pertenecieron los cuerpos que ocupaban estos enormes nichos. Las conjeturas de los arqueólogos son tan opuestas que carece de interés citar sus pedantescas parrafadas. Algunos suponen que los sepulcros, por su simétrica estructura y el sol mirando a Oriente, son los restos de una desaparecida colonia inmigrante que adoraba al Dios Sol, mas lo evidente es que los ciclópeos ataúdes, labrados en areniscas, fueron traídos de muy lejos, pues en Elorrio no se encuentran canteras que suministren muestras de semejante calidad.

Corroboraba dicha suposición, la costumbre que hasta hace pocos años observaban ciertas poblaciones vascas de la vertiente francesa de los Pirineos, de labrar el disco solar en sus sepulturas. Esto mueve a pensar si el ritual no es la continuidad de una costumbre pagana o el atributo de una raza desaparecida.

Mientras me paseo bajo las ramas de los robles, mirando franjas de cielo azul entre las manchadas hojas, recuerdo que aquí, en siglos pasados, los bisabuelos de estos campesinos vascos que hoy pasan con largo blusón hasta las rodillas la noche del viernes anterior al primer domingo de agosto, llevaban a cabo fiestas de carácter extraño y casi druídico.

Acudían de las cercanías pastores y aldeanas; el más anciano de los etcheco jauna degollaba en la noche a la movediza lumbre de las grandes fogatas un buey joven y cebado, y en presencia de los sacerdotes, lo colgaba en un árbol. La res se desangraba sobre el pasto, frente a los sepulcros de piedra en los que se reflejaban las sombras de los seres humanos que danzaban bajo las ramas. A las doce horas del día siguiente se despedazaba la res. Cada concurrente recibía un trozo de carne, en silencio ritual. Los agraciados y sus compañeras se marchaban a sus cabañas; por la noche regresaban y nuevamente se bailaba al son del tamboril y del silbo del txistu, mientras la luna subía plateando las vertientes de los Pirineos. Las momias de los veintitrés ataúdes escucharían sordamente, a través de las removidas cubiertas de los sepulcros, el estrépito infernal de la saturnalia humana.

Camino entre los sepulcros sin esperar que una voz ocupe, con su sonoridad, la expectativa que este cuadrilátero de ataúdes suscita en el alma. Me siento en el canto de un féretro. ¿Cuántos bueyes habrán sido necesarios para transportarlo? Lo real es que Mumo ha rodado al polvo. Una gota de rocío permanece suspendida del vértice de una hoja y el disco de piedra muestra su labrado sol pagano, con la cruz de cuatro cabezas hacia un monte azul. De polvo somos, y al polvo volvemos.

¡Sí, piadoso Mumo! Jamás en su vida terrestre del año 900 habría imaginado usted que un hombre de Buenos Aires, con el cuello del perramus levantado hasta las orejas, vendría a sentarse irreverentemente en el canto de su ataúd. Así nos ocurrirá a nosotros. Creemos auténtico el paisaje que se refleja en la pompa de jabón. Hay que vivir. La muerte y la Nada se pasean dulcemente abrazadas en la cima verde de un monte vasco.”

ROBERTO ARLT: Aguafuertes vascas.


BENITO LERTXUNDI: Milia.

sábado, 8 de octubre de 2011

VITORIA III


“Vitoria está en la lejanía. Vitoria es una masa gris de la que destacan violentas las torres de las iglesias (Santa María, San Miguel, San Pedro y San Vicente). Mágicamente esta masa gris se nacará de pronto. Atardece y las últimas luces del crepúsculo, las luces frías del sol tras de los montes, se reflejan en las cristaleras de sus galerías y miradores. La ciudad tiene un aire encantado, un aire de ciudad de cuento apresada bajo una campana de cristal que fulge, que transmite noticias importantes al viajero con un sutil parpadeo. El corinto del crepúsculo ha sido después verde, verdiamarillo, amarillo. Hay un momento en que se borra la serenidad virgiliana de la Llanada; hay otro momento, éste misterioso, en que se siente inmersa a Vitoria en una paz de abismo: el momento misterioso y fugacísimo de la total quietud de los campos.”

IGNACIO ALDECOA: El País Vasco.

miércoles, 5 de octubre de 2011

VITORIA II


“A la Catedral nueva Javier no la miraba al pasar. Esta pretensión de hacer una iglesia gótica en pleno siglo XX, le parecía demasiado absurda.”

PÍO BAROJA: El cura de Monleón.





“Ved la nueva catedral. Se alza muy deprisa; en el solar se elevan a gran altura los pilares, la girola, los ventanales inmensos del ábside, los macizos de porches y pórticos, los entablamentos. Ando entre las piedras, los bastidores y los andamiajes. Indudablemente, allí se trabaja mucho; pero… se imita, se copia (…) La Almudena y la catedral nueva de Vitoria no tienen razón de ser. Son, porque el clericalismo español quiere alardear de su poder indiscutible; pero estas piedras son demasiado blancas, excesivamente, para decirnos esas historias que cuentan las piedras de las verdaderas catedrales. ¿Qué historia tienen las nuestras de hoy? Pues sencillamente que a un obispo rico se le ocurrió erigirse un gran sepulcro en piedra de la ciudad; pidió y obtuvo la ayuda de un pueblo católico; los reyes, invitados, vinieron a poner la primera piedra, y dos arquitectos trazaron la planta en un amén: eso es todo.”

EUGENIO NOEL: Diario íntimo. La novela de la vida de un hombre.

sábado, 1 de octubre de 2011

VITORIA I


"El azar nos condujo luego a una calle escarpada, a la derecha de la iglesia, y nos fijamos en un balcón de una forma especial y tan saliente que formaba como una salita al aire libre... Seis damas tomaban el fresco en él, iluminadas por los rayos de la luna, y Doré no perdió la ocasión de hacer un dibujo de aquel gracioso cuadro. En los antiguos barrios de Vitoria, es decir, en la ciudad alta, vimos otros balcones del mismo género."

BARÓN DE DAVILLIER: Viaje por España.


"Poníase el sol cuando entramos en Vitoria. Después de atravesar una porción de calles de una arquitectura medieval y de bastante mal gusto, detúvose el coche en el Parador Viejo, en donde registraron minuciosamente nuestros equipajes. Nuestro daguerrotipo, sobre todo, inquietaba sobremanera a los buenos aduaneros; acercábanse a él con toda clase de precauciones y como gentes temerosas de volar; yo creo que lo tomaban por una máquina eléctrica, y nosotros nos guardamos muy mucho de sacarles de aquel saludable error."

THÉOPHILE GAUTIER: Viaje por España.


"Tiene Vitoria aire señorial, recuerda algunas ciudades castellanas, y al mismo tiempo revela también cierta semejanza con los pueblos del centro de Francia. En Vitoria la ciudad vieja está formada por ocho calles concéntricas de antiguas mansiones con escudos, que se levantan en torno de la catedral. La calle mayor con sus casas de grandes miradores de cristales tiene un aire un poco de vitrinas de museo."

PÍO BAROJA: El País Vasco.

lunes, 26 de septiembre de 2011

SAN SALVADOR DE VALDEDIÓS



“El viajero ha entrado ya en el valle de Valdediós, uno de esos típicos valles asturianos, recogido entre bosques de castaños y robles, que cubren las colinas circundantes. Sus pastos, siempre de un verde esmeralda, sus extensas pomaradas, sus alegres caseríos, justificarían por sí mismos la visita al valle, pero Valdediós encierra además una joya del Arte Asturiano: la iglesia de San Salvador, llamada familiarmente «El Conventín», por sus pequeñas proporciones, si se la compara con el monasterio cisterciense de Santa María, que se levanta próximo a ella.”

DOLORES MEDIO: Asturias.








“En el conjunto de Valdediós, la pieza importante no es el monasterio anfibio, sino la iglesia prerrománica que llaman el «Conventín». Se encuentra en un prado adyacente al monasterio mayor. Cuando los monjes cistercienses empezaron a luchar contra las crecidas del río Valdediós sin saber cuál iba a ser su largo fracaso, el Conventín ya estaba allí. Fue consagrado hacia el año 890. Su apariencia exterior es humilde, pero se detecta una intención de lujo en el detalle de sus ventanas, adornadas con diminutas y elegantes columnas. Todas sus proporciones son a escala de la estatura de los hombres del año 1000, cuando un hombre de armas bien desarrollado rondaba un metro sesenta. El exterior del Conventín hace pensar en esas miniaturas que representan, ya sea el arca de Noé, ya sea el arca de la Alianza. A ambos lados de la entrada, bajo el porche, entre dos columnas de pórfido recuperadas de alguna quinta romana, hay un refugio de peregrinos ni más grande ni más incómodo que un lugar donde podrían descansar los perros. El interior de la iglesia es equilibrado, digno, preciso. Podría haber sido labrado en marfil, o excavado en un solo bloque de piedra. El efectismo de la distribución es sutil. La impresión de lujo se acentúa, pero el sentido religioso se conserva. En un altillo está la tribuna real para un monarca liliputiense. En otro altillo inaccesible, sobre el ábside, está la cámara secreta, cuyo significado se desconoce y quizá respondiera a una función simbólica. Hay algo en el interior del Conventín que trasmite la idea de un refinamiento cortesano en una escala reducida, como en el ámbito de un pequeño teatro. De aquellos arcos colgaron tapices sujetos con barras de bronce dorado. Todos los muros estuvieron cubiertos con pinturas de colores vivos de las que sólo han quedado algunas sombras. En una fotografía de 1930, el Conventín aparece invadido por las zarzas. Ahora se lo ve limpio y desnudo. Sin pinturas ni tapices, su prestigio está en su esqueleto.”

MANUEL DE LOPE: Iberia. La puerta iluminada.



martes, 20 de septiembre de 2011

SANTIAGO DE GOBIENDES











“Desde Colunga a Caravia la carretera general va por la costa, proporcionando al viajero el placer de contemplar un paisaje en el que se mezclan los verdes brillantes y húmedos de la costa, con el azul plateado del mar, teniendo siempre al fondo las montañas que forman las estribaciones de la Cordillera Cantábrica. Asturias se va estrechando por esta zona, de modo que parece que el mar y las montañas quieren abrazarse. Los valles son más angostos. A cada kilómetro que se avanza se encuentra menos espacio de tierra llana. Como si un cataclismo hubiese precipitado sobre la costa a las tierras altas y éstas se hubieran detenido, replegándose sobre sí mismas, arrugándose, encogiéndose, para no precipitarse en el mar. Prepárese el viajero para contemplar, en breve, los más bellos y sobrecogedores paisajes de montaña, sin apenas perder de vista el mar, a ese Cantábrico turbulento que, fingiendo remansarse en las tranquilas conchas de sus playas, bate con furia los acantilados.

Si el viajero se desvía de la carretera general por la comarcal que, arrancando de su derecha, conduce al mirador de El Fito, encontrará en su camino al tercero de los monumentos prerrománicos que jalonan esta ruta: Santiago de Gobiendes, situado en la falda del monte Sueve, disfrutando un paisaje de una gran belleza.

La basílica de Gobiendes data del siglo IX o principios del X. Ya en el año 921 figura como donada a San Salvador de Oviedo por el rey Ordoño II. Consta de tres naves, bastante ancha la central y muy estrechas las laterales, separadas entre sí por cuatro arcos semicirculares de ladrillo. Sus columnas y capiteles están decorados con hojas de acanto y el sogueado típico de estos monumentos. Las naves están cubiertas por techo de madera, y la cabecera del templo, con la capilla central y las dos laterales, cubiertas con bóvedas de cañón. Se conservan en ellas fragmentos y capiteles de las arquerías murales con que estuvo decorada, al modo de la basílica de Santullano. La capilla mayor fue reformada posteriormente, ampliándola, pero en ella se conserva el primitivo ventanal que suele abrirse en estos templos sobre la cámara alta. En cuanto al pórtico, también reformado, conserva aún los dos recintos laterales, separados del central por arcos de ladrillo de medio punto. La iglesia estuvo decorada con pinturas murales, de las que aún quedan vestigios suficientes para poder asegurarlo.”


DOLORES MEDIO: Asturias.

sábado, 17 de septiembre de 2011

SAN SALVADOR DE PRIESCA







“Ya en la carretera de Colunga, una sorpresa aguarda al viajero. Otra de las joyas del Arte Asturiano, San Salvador de Priesca, a la que se llega, desviándose hacia la derecha como media docena de kilómetros. Bien merece la pena esta desviación para contemplar uno de los pocos monumentos que se conservan del prerrománico.

San Salvador de Priesca, como San Salvador de Valdediós, tiene tres naves, rematadas en techo plano y tres capillas con bóveda de medio cañón. Los arcos de entrada a estas capillas se apoyan en columnas con capiteles bien decorados. Conserva en sus paredes buena parte de sus pinturas primitivas. Este templo, uno de los últimos de su estilo, representa por tanto un prerrománico tardío, decadente, que le entronca con el primer período, sin el esplendor alcanzado por el ramirense, ni las aportaciones e influencias introducidas por Alfonso III. Con todo, es un buen exponente de Arte Asturiano.”

DOLORES MEDIO: Asturias.

martes, 13 de septiembre de 2011

TORICES



“La iglesia fue en su día románica de una sola nave. Hoy está reformada, siendo el ábside cuadrado con canecillos de proa de nave en el exterior. La puerta está al occidente, bajo la espadaña, siendo este hastial la huella más románica, humilde y sencilla.”

MIGUEL ÁNGEL GARCÍA GUINEA: Cantabria. Guía artística.

viernes, 9 de septiembre de 2011

SAN ANDRÉS DE LIÉBANA



“En San Andrés hay también iglesia con restos románicos en una puerta a los pies con arquivoltas de billetes y puntas de diamante. El ábside conserva al exterior algún canecillo de proa de nave y cabeza humana. En el muro de la sacristía, fuera de la iglesia, ventanita doble con dos arcos de herradura y decoración de triángulos. Parece residuo de iglesia mozárabe o prerrománica.”

MIGUEL ÁNGEL GARCÍA GUINEA: Cantabria. Guía artística.

lunes, 5 de septiembre de 2011

LURIEZO



“Luriezo es pueblo especialmente destacado y digno de visitarse. Extraordinaria y única, dentro de la etapa de romanización, es la estela gigante cántabro-romana que se haya en el pórtico exterior de la iglesia. Se trata de una pieza de 1,35 m de diámetro y 20 cm de grosor que lleva grabada la inscripción siguiente: MON AMBATI / PENTOVIECI AMB / ATI Q PENROVI-F-ANN LX / HOC MOM POS AMBA / TUSET-DOIDERVS-F / SUI, que traducido y completado sería : «Monumento de Ambato Pentovieco, de los ambáticos, hijo de Pentovio, de 60 años. Ambato y Doidero, sus hijos pusieron este monumento». Está rota en su parte inferior. Por su figura discoide y su gran tamaño se corresponde con las estelas gigantes cántabras y celtas. Los nombres son indígenas y la letra ya es romana, igual que la lengua.”

MIGUEL ÁNGEL GARCÍA GUINEA: Cantabria. Guía artística.