"Al dejar el puente, una tropa famélica y bellísima presenta armas. En el muelle de Ribeira se alinean las casas, frente al río, altas, flacas, tal que chicos desnutridos, desiguales de altura y de color, pero en formación muy regular, sumamente obedientes al instructor que disciplina su atropellada convivencia, con distinta ropa colgada, con balconadas y ventanales distintos, pero tan marciales, plantando cara al río, sobre las arcadas que preservan al vecindario de la lluvia fina, cuando el cielo gimotea, y bajo las arcadas, a cubierto, se refugian cafetines y tenderetes, con telas y juguetes, recuerdos y sombreros, azulejos y postales, ciclistas de madera y con un timbre para con ellos los niños pedalear por tierras portuguesas, bisutería, cuentas de vidrio y retratos viejos de pescadores viejos recogiendo el aparejo."
RAMÓN AYERRA: La vida y la muerte en Oporto.
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