viernes, 14 de enero de 2011

PARADILLA DEL ALCOR


"A cosa de dos leguas largas de esta abierta ciudad de Palencia yace, anejo de Autilla del Pino, cerca de Paredes del Monte, el caserío de Paradilla del Alcor, al pie de un castillo -más bien castrillo-, que fue de la Casa de Veragua. Llegamos allá, páramo arriba, por el Valle de las Monjas primero, y al último por una carreterilla, flanqueada de jóvenes arbolillos desmedrados y entre cuyas roderas crece la yerba (...) Una iglesiuca de San Pelayo, semitibetana o mongólica, con escudos señoriales, pero nada señores; ridículas cromolitografías modernas y la entrada con su enrejado en el suelo, para defenderla del ganado, y entre la que crece cruda yerba campesina: cardos, espigas de perro y malvas de humildes florecillas caseras."



"El castillo. Sencillo, rudo, borroso, al parecer, insignificante. Como un gran guijarro, pedrusco o jejo arqueológico. Se entra en su recinto por la ruina de una puerta flanqueada de dos torreoncillos. Luego, el torreón y sus mansiones, algunas sembradas de palominos. Junto a un corralillo zumban las abejas. En una tronera, una pequeña culebrina simbólica. Por de fuera, un reló de sol. Y ni artesonados, ni arcadas, ni columnatas, ni patios. Ni, a falta de río o arroyo, siquiera estanque o charca en que se espeje para aliñarse y alindarse. Ni fosos, ni puentes. Y menos un parque. Todo alienta resignada pobreza. Mas desde arriba, desde los ventanales, la visión espléndida y transparente del páramo y de la nava palentinos. (...)"



"En remansos como ése ni se oye bocina de auto, ni zumbidos de vuelo de avión mecánico -pues hay el otro, el arrejaque-, ni hay cine, ni radio, ni gramófono que distraigan el ánimo de gentes mecanizadas y aburridas y les quiten ojos para el campo y sus criaturas naturales, oidos para el canto de los pájaros, los grillos, los sapos, las fuentes y el arranque del vuelo de las palomas, ni les priven de sentir en la carne -mediatamente, pues no correspondemos a la desnudez de la campiña- el toque de la yerba muelle, y verde, y fresca o tibia al sol. En ese rincón de los Campos Góticos se asienta el campesino natural. Allí, ni postes de telégrafo ni esos armatostes, pintados de rojo, que han de conducir la energía eléctrica del Duero. Porque todo eso de la mecánica está cerrándole al hombre modernizado la visión de la vida natural. Y así no pocos espíritus a fosilizarse desde la raíz a la flor, si no quedan troncados."

MIGUEL DE UNAMUNO: Paisajes del alma.


JOHN RENBOURN: The Hermit.

7 comentarios:

Amparo dijo...

Actual Unamuno. Espero que siga viéndose tan espléndido el páramo; a qué más adornos.
El cielo te ha quedado tremendísimo como si se cociera alguna catástrofe más sobre la ruina.
Saludos.

rubén dijo...

Siempre se está cociendo alguna, Amparo.

paisajescritos dijo...

Ruben, no conozco el lugar. Pienso que juegas con la ventaja de que eres de allí (siempre he tenido la sensación de que eres palentino). No es necesaria respuesta, pero noto como un cariño especial -que se dice- por esa tierra (por cierto, preciosa y desconocida, ambas cosas no son incompatibles, en ocasiones hasta se agrdecen).
Saludos desde enero

rubén dijo...

Claro, si no lo he dicho nunca, de alguna manera lo dije aquí. ¿Cariño? Bueno, simplemente la tengo más cerca, para mí no es tan desconocida.

Claude Lacombe. dijo...

Mira, mira...

... que estoy buscando casa...

...y ganas me dan de...

...que le den al mundanal...

...ruido...

Saludos fotométricos.

Odel dijo...

Unas fotos preciosas, y el texto que lo acompaña no tiene nada que envidiar

rubén dijo...

Claude: Creo que necesita un poco de mantenimiento. Cuidado donde te metes.

Odel: Gracias por la parte que me toca.