“En una procesión como la del Viernes Santo, en Bercianos de Aliste, se acompaña el cadáver de Cristo como al de un gran señor en el medioevo, o luego en el barroco; pero los cofrades van envueltos en sus mortajas o en las pesadas pardas capas «de respeto» y salmodiando el salmo L en una tétrica traducción hecha por fray Diego de Cádiz, el violento predicador del Altar y el Trono, que subraya con placer en sus palabras que el hombre ha sido concebido en pecado y será ceniza y nada.
Ninguna «Santa Compaña» hay aquí; ninguna o escasas leyendas sobre el poder del Diablo, y nada de brujería o magias negras en estas tierras. Pero tampoco ninguna imagen del Paraíso en el Más Allá, ni del «novum» histórico en el más acá; sólo la muerte que es «la hora de la verdad». La mortaja fue ajuar de novio, y el traje de novio es traje de mortaja. Y «este Cristo de mi tierra es tierra».”
JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO: Guía espiritual de Castilla.
5 comentarios:
Me ha impresionado el blanco de las vestimentas, pero cuando he leído el texto... Una entrada muy propia y bellísima.
A un primer vistazo leí "Murcianos de alpiste..."
Hola Rubén,
Hacía tiempo que no te visitaba.
Me ha encantado reencontrarte.
Un saludo y enhorabuena por todo tu trabajo y tu constancia.
Gracias por la visita. Un abrazo.
Genial: la foto, el texto. Inmejorable.
Un saludín.
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