“Cuando aún no había dado treinta pasos por la calle me invadió aquella bocanada de silencio de Brujas, su divina paz. Había una luz incierta que se reflejaba en las aguas lívidas de los pequeños canales, que moría en las fachadas grises de las casas. Pasé por las callejuelas que rodean la catedral de Saint-Sauveur y el Palacio Episcopal, y después, por la calle de Santa Catalina, llegué a la plaza de la Academia, que está bastante cerca del viejo Béquinage. Me sorprendió el olor a mantequilla que flotaba por las calles y las plazas.”
"Perderse, desaparecer, cambiar de identidad, renacer con otro nombre. He tenido esa tentación muchas veces, con frecuencia al viajar por países lejanos pero también deambulando por las calles de mi ciudad e incluso sentado en un sillón de mi casa. En todos los casos he experimentado el goce de tomar otro rumbo radicalmente distinto, aunque sólo fuera con la imaginación: matar al que eres es, entonces, una forma posible de inmortalidad, la única resurrección que está al alcance de nuestra mano."
1 comentario:
Genial contraluz.
No reconozco esta Brujas de Pla.
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