“En dirección al Alto Campoo, pero cerca también de Reinosa, está Fontibre, la fuente del Ebro, que brota en “La Rasa de Campota”, fondo de un antiguo lago vaciado en el mioceno. El nacedero del río se produce entre un hondón poblado de árboles y piedras y constituye en seguida una gran charca. Luego sale a campo llano, salvando una aceña, y su surco es relativamente humilde hasta que le entra el gran caudal del Híjar, que baja del Pico de los Tres Mares y del cual se sospecha que lo que mana por Fontibre es un rebrote. Sobre la piedra del manantial han puesto una réplica, un poco desairada, de la Virgen del Pilar. Algo más abajo se levantó un monumento que consiste en un murete curvo, con grabados alegóricos y una frase muy conocida de Menéndez Pelayo. El Ebro es tan simbólico, nacional y caudaloso que todo ello resulta inevitable. A partir de ahí, y después de embalsar 540 millones de metros cúbicos, este Ebro fecundador habrá de excavar un número incontable de hoces, escobios y gargantas hasta entrar por las Conchas de Haro en la tierra, ya fácil, de La Rioja, y seguirá por Aragón hasta “dar a la mar” trazando la frontera meridional de Cataluña. El pueblo de Fontibre se alza en lo alto de un recuesto, sobre el amenísimo vallejo del nacedero, rico en chopos y sauces. Es un pueblo pobre y algo ruinoso, donde hemos visto las carretas más arcaicas, hermosas, largas y pesadas del mundo.”
DIONISIO RIDRUEJO: Castilla la Vieja.
“Nacer Ebro es como nacer Homero. Es, por tanto, exponerse a que luego disputen por el lugar de nacimiento siete ciudades o tres fuentes. Porque el nacimiento del Ebro es disputado, si no con el encarecimiento con que disputan Gotarrendura y Avila por el nacimiento de Santa Teresa, sí con su pequeña pasión. Yo me declaro por Fontibre, porque soy conservador –sólo en esta materia- y porque quiero ser fiel a una cierta tesis contra los debeladores de mitos que sostuve en estas mismas páginas. Pero por razones de gran peso geológico conducentes a que muy doctos varones aseguren que Fontibre no es más que una fuente tardía donde reaparece el Hijar, que nace en la falda de Peñalabra y es el verdadero río. Así, pues, el Ebro nace, geológicamente, donde el hombre, ese desconcertante sujeto, ha puesto sus adornitos, sus arbolitos y su decoración particular, metiéndose en lo que no le importa. Salvemos la buena intención.”
VICTOR DE LA SERNA: Nuevo viaje de España. La Ruta de los foramontanos.
“Confluyen Híjar y Fontibre. Nace Ebro, ¿dónde? En principio es el problema… Ata Reinosa los cables de la meseta y el mar; los montes la rodean; la cruzan los ríos; contrastan la vaca de leche y la metalurgia de los aceros, la roca lindera de las nieves y la sima acogedora del pantano. Indecisión terrible. Tanta, que el legionario de Augusto se detiene; también para que Reinosa pueda un día figurar en los mapas de la ruina. En alto llano, presume de los picos de Peña Labra y el puerto del Pozazal; las aguas se le hielan; corre Ebro niño y herboso la plana de las cumbres.”
PEDRO DE LORENZO: Viaje de los ríos de España.
“Llevábamos continuamente a la izquierda, aguas arriba, el cauce del río, con sus frescas y verdes orillas y rozagantes bóvedas y doseles de mimbreras, alisos y zarzamoras, y topábamos de tarde en tarde con un pueblecillo. A la vera del último, en el centro de un reducido anfiteatro de cerros pelados en sus cimas, se veía surgir, reborbollando, los copiosos manantiales del famoso río, que después de formar breve remanso como para orientarse en el terreno y adquirir aliento entre los taludes de sus propia cuna, escapa de allí a todo correr, escondiéndose de la luz siempre que puede.”
JOSÉ MARÍA DE PEREDA: Peñas arriba.