“En una de mis últimas visitas a Álvaro Cunqueiro en su piso de Vigo, observé que tenía entre sus objetos más preciados una pequeña bola de cristal. Era uno de esos artefactos que, al darles la vuelta, o simplemente al girarlos, se inundan de falsos copos de nieve. Éstos caían sobre la silueta de una antigua ciudadela amurallada, recreada con diferentes colores brillantes. Era Carcasona.”
CÉSAR ANTONIO MOLINA: Sobre la inutilidad de la poesía.
Ah, esta foto es genial para mi gusto!
ResponderEliminarMe alegro. Un amable empleado del museo se empeñó en abrirme la ventana para que hiciera fotos más a gusto. Me costó horreres convencerle de que estaban mejor cerradas.
ResponderEliminar¡Siempre ponen obstáculos, por (generosa)buena o por (gratuita) mala voluntad!
ResponderEliminarPues sí que es genial, sí.
Por cierto, esta entrada fue un involuntario homenaje a Álvaro Cunqueiro en su centenario. Me enteré de la efeméride cuando ya la tenía en borrador.
ResponderEliminarPues bien por tu empeño.
ResponderEliminarPreciosa entrada
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